Equilibrio en el espacio



Hay veces, en que los actos pueden estar determinados por la forma del espacio, pero desde este punto de vista, de una manera poco convencional.

La influencia de la forma de un espacio que determina los niveles de agrado de una persona y sus deseos de permanecer en él, depende de la manera en que se exprese el encuentro de las fuerzas subyacentes del lugar, lo cual lleva a determinar que se trata más de un problema de sensaciones que de conciencia de medidas y tamaños reales.

Un espacio puede ser muy extenso, pero debe contar con ciertos elementos que generan relación entre ellos a distancia.

Aunque esa escala puede ser descomunal, la relación existente entre los elementos puede hacernos sentir parte de una gravitación, y actuar de acuerdo con ella, con lo cual se deduce que el problema de la distancia óptima para un espacio abierto público no se mide por el grado de cercanía física entre los objetos o la empatía que tengamos hacia un elemento urbano determinado, sino, por la compleja agrupación de fuerzas de atracción entre masas de elementos, que actúan rítmicamente y en consecuencia a un orden capaz de hacernos sentir parte. Soy parte de una gran ciudad, puedo ver la torre Eiffel desde muy lejos. Soy parte de un barrio, puedo ver la iglesia y la escuela.

Soy parte de una plaza, puedo ver el reloj del teatro y la luz de la fuente reflejada en él. Arheim se refiere a esta misma idea cuando plantea que la proximidad entre los objetos corresponde a fuerzas de atracción o repulsión más que a un procedimiento métrico.

Cuando los objetos están demasiado juntos despliegan mutua repulsión y cuando están demasiado separados, la proximidad se pierde y con ella la atracción. Es necesario encontrar un punto medio de equilibrio, para que ambos casos no se realicen.


Es importante señalar, que al pensar en el tema de las distancias, existe un grado de relatividad en la percepción que tenemos de ellas. En psicología se transforma en un aspecto subjetivo al depender de factores como el tiempo, la preferencia, el sexo, la edad, la cultura y el contexto (Bailly, 1978), un lugar apreciado se siente más cercano.

A eso, podemos agregar el hecho de que existan estas tensiones de atracción y repulsión que nos hacen sentir parte en mayor o menor medida, de un espacio urbano o sentirnos completamente fuera de él, o lo que sería en otras palabras, en un no lugar. La distancia es mayor cuando existen fuerzas de repulsión en el lugar y menor, si los elementos pertenecientes a ese lugar nos hacen sentir parte de él.

Las distancias visuales son juzgadas por el comportamiento de las fuerzas perceptivas generadas por ellas. Nos sentimos impulsados a jugar con las distancias entre los objetos hasta que parecen correctas, porque las experimentamos como fuerzas influenciantes de atracción y repulsión.

El equilibrio siempre es aplicable a las fuerzas. Si los intervalos se experimentan sólo como espacios muertos y vacíos, no existiría otro criterio que las consideraciones prácticas para preferir una distancia a otra. (Arheim, 1978)

Complementos para el estudio del espacio en la arquitectura:

EQUILIBRIO Y PROPORCIÓN EN EL ESPACIO.

Cuando hablamos de equilibrio en un espacio dinamizado, nos referimos, como en la física, a una igualdad de componentes que tiran de uno u otro lado produciendo una neutralidad, como si dichas fuerzas no existieran. Si bien, no es posible calcular aquellas fuerzas en plenitud, es cuando podemos apoyarnos de la percepción para comprender dicho fenómeno.

Lo que sucede con la obra de Kolbe en el pabellón de Barcelona de Mies, es un claro ejemplo de digna correspondencia entre las fuerzas propias del edificio y la introducción de un elemento exógeno, capaz de contrarrestar esa tensión.

La asimetría resultante crea una atención que debe ser justificada y contrarrestada por la configuración de fuerzas de todo el edificio. (Arheim 1978, p. 24). Le Corbusier por su parte, se ha referido a las disposiciones de fuerzas en la Acrópolis de Atenas en su comprensión de la necesaria aparición de un sistema ordenador de proporciones para lograr un equilibrio que llega al espíritu. “…la firmeza impasible que ha tallado el mármol con la voluntad de llegar a lo más puro… se ha sacrificado y limpiado hasta el momento en que no era ya preciso quitar nada, sino dejar las cosas concisas y violentas, que sonaban claras y trágicas como trompetas de bronce.” (Le Corbusier 1998, p.168)

Lo cual, para Goethe se hace sentir de este modo: Uno pensaría que la arquitectura como bella arte trabaja solamente para los ojos. En lugar de ello, debería trabajar primero para el sentido de movimiento mecánico en el cuerpo humano, algo a lo que se presta escasa atención. Cuando en la danza nos movemos de acuerdo con reglas determinadas, experimentamos una sensación agradable.

Una sensación similar debería producirse en alguien que es conducido con los ojos vendados a través de una casa muy bien construida. Esto supone la difícil y complicada doctrina de las proporciones, que da carácter al edificio y sus distintas partes. (Arheim 1978, p.121).

En relación al equilibrio, la fuerza de atracción entre dos elementos puede ser tan grande, que queden al margen otras manifestaciones menores de energía, como cuando dos imanes se atraen o se repelen implacablemente. (Enviado por: Claudia Lopez / Uwe Kramp)

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2012, 12. Equilibrio en el espacio. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/articulos/espacio-equilibrio.html.