La arquitectura y el cuerpo humano


   

Seis direcciones y un centro. El cuerpo humano tiene una parte anterior, una posterior y dos laterales; por encima se halla el cielo y, bajo sus pies , la tierra.

El cuerpo ocupa el centro de este conjunto de seis direcciones. En efecto, esas seis direcciones condicionan nuestra relación con el mundo en el que cada uno de nosotros es su propio centro móvil. Condicionan nuestra percepción de la arquitectura, como encontramos y ocupamos lugares, como nos relacionamos con otros lugares e intervienen en el proyecto proporcionando una matriz. Una manera en que puede relacionarse la arquitectura con esas ‘’ seis direcciones y un centro’’ es mediante la evocación de la resonancia entre el recinto y su ocupante, convirtiéndolo en un lugar que responda a ( o tenga algún tipo de relación con ). Cada una de las seis direcciones.

Una celda ordinaria, con sus cuatro paredes, su techo y su suelo, responde que nuestras seis direcciones concuerden puntualmente o se interrelacionen de manera informal con las de la habitación. Mediante sus seis lados, un lugar ( una habitación, un edificio, jardín ) puede establecer una estructura ortogonal bi o tridimensional, cuyo poder radica en provocar en nosotros un sentimiento de relación. Al relacionarnos con un lugar que tiene una parte anterior ( un frente ), una posterior ) una espalda ), dos laterales ( una derecha y una izquierda ) , una parte superior ( una arriba ) y otra que se apoya en el suelo ( un abajo ), sentimos que , de alguna manera, nos relacionamos con algo que es como nosotros mismos y que esta, por ello, hecho a nuestra imagen y semejanza, y al que podemos referir nuestro propio sistema de ‘’ seis direcciones y un centro‘’.

La concordancia entre los dos conjuntos entre los dos conjuntos de ‘’ ejes ‘’ y ‘’centros’’ puede ser un poderoso elemento identificador del lugar, en especial cuando la arquitectura establece un centro que la persona o la representación de un dios en forma humana, o un objeto significativo puede ocupar. Es entonces frecuente que denomine una de las seis direcciones, que, generalmente, es la frontal: como en el caso de una garita de centinela, que permite al soldado la visión hacia delante, al tiempo que se protege de ataques del enemigo por los flacos y por la retaguardia, de la lluvia y del sol, por arriba, y del frió y de la humedad del terreno, por abajo. En el cuerpo humano, esas seis direcciones son evidentes, y el diseño de los espacios puede remitir a ellas.

Asimismo, las seis direcciones están, también presentes en las condiciones en que viven las criaturas sobre la tierra. El cielo esta arriba y la tierra abajo, pero cada una de las cuatro direcciones horizontales tiene sus propias características. Las obras de arquitectura pueden ser orientadas con relación a los ejes terrestres, así como también respecto a los propios de la forma antropomórfica. De esta manera, la geometría de los edificios hace intermediaria entre los seres humanos y su situación en el mundo. Todo edificio de cuarto lados tiene una cara que recibe los rayos del sol por la mañana, otra por la tarde; igualmente, posee un cuarto lado que recibe al medio día y otra por la tarde; igualmente, posee un cuarto lado que recibe poco o nada de sol.

Esas cuatro direcciones horizontales influyen en el diseño ambiental de los edificios, pero ambiente vincula la arquitectura al sistema de ejes que cubre la superficie de la tierra ( bajo la forma de una retícula de paralelos y medianos , que definen la posiciones de cualquier punto de globo ). Según la orientación que adopte respecto a los puntos cardinales, las fachadas de un edificio tienen un carácter diferente, que varia a lo largo del día según la rotación de la tierra alrededor de su eje, estableciendo un vínculo entre ambos. Pero ese edificio también puede ser significativo desde otro punto de vista; porque si consideramos que sus seis direcciones han de ser congruentes con las de la tierra ( sus cuatro caras se orientan a cada una de las cuatro direcciones terrestres indicadas por el recorrido del sol, y su verticalidad se alinea con el eje de gravedad que lo une con el centro de la tierra), entonces puede afirmarse que el propio edificio identifica un centro, un lugar significativo que reúne en si mismo las seis direcciones de la tierra, y que proporciona un centro el que la superficie de la tierra carece.

Por consiguiente, desde este punto de vista, la geometría de ‘’ las seis direcciones y un centro’’ puede ser considerada como intrínseca en tres niveles de existencia: en nosotros mismos, como seres humanos; en la naturaleza original del mundo en el que vivimos; y en los lugares que creamos a través de la arquitectura, que median entre nosotros mismos y el mundo. Las seis direcciones y un centro, son una parte integrante de la arquitectura y como tal, sensible a las actitudes de aceptación y control.




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