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LOS NUEVOS INDIANOS. No tengo muy claro cuales son las reglas de oro
para conseguir transmitir sensaciones como la elegancia, el estilo o la
distinción, pero es evidente debe haber unos componentes y condicionantes que
mezclados y agitados las provocan. Hay quien dice que esos componentes se
heredan, sin embargo yo creo que no, que sencillamente aunque haya semilla,
germinan y afloran como fruto de actitudes en la vida, afloran como fruto de un
modo, de una filosofía de vida, de un equilibrio interior y con el exterior, de
una trayectoria de honestidad, de una paz interior fruto de los hechos sin
doblez. A veces, la gente, erróneamente, pretende ser elegante, distinguido o
estiloso a base de dinero, de caras y privativas ropas de marca, de aditamentos
superfluos que por su precio y exclusividad les hagan sentir especiales y
diferentes pero nunca por ello distinguidos. Así mismo, un indígena a menudo
emana elegancia y dignidad pese a su desnudez y aparente precariedad. Recordemos
que el hábito no hace al monje y como dijo Eleanor Rossbelt …nadie puede hacerte
sentir inferior si tu no quieres… En unos tiempos como los que corren en que se
han generado fortunas rápidas y desmesuradas aún sin digerir, el uso de lo caro
y por ello exclusivo por inalcanzable para la mayoría, se ha convertido en el
falso espejo de estilo, elegancia y dignidad para unos cuantos.
Nunca nadie hasta ahora ha llevado encima tanta publicidad gratuita, tanto
anagrama ni letrero que pregonan a los cuatro vientos el precio de la ropa o
complementos que se llevan encima aspirando a entrar en el fenómeno social del
llamado pijerío. Esas fortunas sin digerir están también generando la
cultura de la incultura que a su vez genera arquitectura inculta, arrogante y
hortera. Estas arquitecturas no llevan marcas y anagramas colgados porque no
están en el mercado, pero se reconocen a la legua por su ostentación pretenciosa
y mal gusto. Se intentan reproducir malas copias fuera de escala de elementos de
la arquitectura sabia y noble de otras épocas, se incorporan todo tipo de
atrocidades como barandillas barrocas de piedra, escalinatas de película o
ridículos escudos nobiliarios grabados a cincel de los Pérez, García o González
por decir algo y sin menospreciar, por supuesto, tan dignos apellidos; todo ello
pretendiendo ese reconocimiento social, esa distinción. Pese a ser, como en el
caso de la arquitectura indiana, una arquitectura generada desde la ostentación
del triunfo económico, aquella aportó al rural ejemplos de arquitecturas
cosmopolitas y generalmente didácticas, elegantes y cultas, construidas desde la
generosidad. A la contra, la arquitectura actual de las riquezas sin digerir es
sencillamente trasnochada, inculta y pastelona. Autor oficial del articulo:
Arqta. Luisa García Gil,
gilescolar@gmail.com.
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