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ARQUITECTURA INSTITUCIONAL DOMINICANA. La gran mayoría de
nuestras instituciones publicas se albergan en edificios construidos durante la
Era de Trujillo, es decir a mediados del siglo pasado, en ese entonces corría
una fuerte influencia posmodernista en los Estados Unidos, el Movimiento
Moderno decaía por la falta de adaptabilidad de sus postulados y la
desaparición de los CIAM. Como toda isla, los dominicanos siempre queremos ver
lo que hay mas allá del horizonte, todos estos cambios conocidos por los viajes
y las revistas fascinaban a nuestros arquitectos, así conocieron las ventanas
de celosías, los muros cortinas y los principios corbusianos, se acariciaban
con un postmodernismo que ironizaba al neoclásico y soñaban con adaptarlos en
esta media isla. En Santo Domingo gobernaba el Dictador Trujillo, megalómano
hasta lo increíble se fascinaba por todo lo que pudiera evidenciar su gloriosa
Era, con el arte, la cultura, la poesía y a esto no escapaba la arquitectura.
Como todo dictador Trujillo exigía de las obras gubernamentales una expresión
formal adusta, rígida e imponente, sobria y desafiante tal cual su poder, como
vemos, el Neoclásico le caía como anillo al dedo, evidencia esto el Palacio de
Bellas Artes, un neoclásico que no deja lugar a dudas. La gran capacidad
creativa de nuestros arquitectos quedo en evidencia a la hora de conjugar las
exigencias del Jefe, las tendencias de vanguardia y las condiciones generales
de la isla, estos grandes profesionales lograron un lenguaje sin comparación en
toda la historia de la arq. contemporánea dominicana, basta un paseo por la
ciudad de Santo Domingo para darse cuenta de tan alta capacidad, tomemos un
ejemplo: El edificio de la Secretaria de Estado de Educación conserva una
composición formal sencilla y rígida, simétrica..su forma genérica es un cubo,
puro neoclásico, la paradoja esta a la hora de evaluar sus características
modernas, el primer nivel alberga una galería techada para los automóviles
sostenida por columnas espaciadas a grandes luces, esta vía interna comunica
las calles Santiago con la Arístides Fiallo atravesando toda la fachada oeste,
esta misma es una exhibición de columnas que lucen su verticalidad por los
cuatro niveles del edificio, exposición de técnica y definición formal, esta
fachada es sumamente interesante, alberga una galería que permite refrescar los
espacios interiores en esos calurosos meses caribeños, así mismo se presenta a
la ave.
Máximo Gómez como exhibición de un perfecto manejo de los conceptos modernos de
composición, el edificio se retira de la calle formando una gran Plaza Cívica,
como si estuviera consciente del urbanismo moderno, su interior es diáfano, la
luz natural es abundante gracias a los dos jardines sutilmente concebidos con
plantas endémicas esbeltas y de altura prudente, es un edificio que goza de
todas las virtudes del manejo climático, el manejo de las alturas y de los
materiales es de lo mas interesante…..Con esta exposición queremos significar
el hecho de a mediados del siglo pasado, en una media isla, haber conseguido un
lenguaje institucional único en toda América Latina, El Archivo de la Nación,
La Secretaria de Estado de Cultura, La Escuela de Odontología entre otros son
ejemplo de esta gran hazaña, irónicamente ignoradas por nosotros en esta
búsqueda de la identidad que tanta falta nos hace, tarea fácil hubiese sido
copiar los modelos americano o de América del Sur, Caro Álvarez, los Hnos. Pou
Ricart entre otros, fueron mas allá, satisficieron al poder tiránico hasta que
este se vio reflejado en sus edificios, pero ellos, arquitectos de gran
genialidad, sabían como dominicanos que eran , que este poder era transitorio y
llenaron sus obras de códigos que aun hoy, los dominicanos modernos
comprendemos, con honrosas excepciones en Santo Domingo ningun edificio
institucional moderno ha conseguido la majestuosidad de estas obras.
Actualmente funcionan en ella mas de la mitad de la actividad gubernamental que
sostiene la vida publica y democrática de nuestra nación, parecen no ponerse
viejos a pesar de 50 años de descuido, son memorias de nuestra vida republicana
y deberia ser fuente del saber de los arquitectos jóvenes, como nosotros. Autor: Geraldo
Antonio Fernandez Liranzo
Universidad Autónoma de Santo Domingo |