Pabellones de Le Corbusier


   


“Con la ‘Unité’, Le Corbusier revela la debilidad humana por un efecto monumental y estético.

El resultado es una egocéntrica extravagancia, imponente como una pirámide de Egipto, que quiere procurarle inmortalidad a un cadáver, y – dicho humanamente – en igual medida desconsolador” Lewis Mumford en la revista “New Yorker” en 1957. Casa del Dr.  El Pabellón Suizo de la Ciudad Universitaria es un acabado paradigma del énfasis del movimiento moderno en que las formas sean representativas de las diferentes funciones (form follows function) y a la vez, sean objeto de un tratamiento plástico tanto en su gestación como en su integración al conjunto. La obra consta claramente de dos volúmenes diferenciados.

Por un lado, el pabellón en forma de paralelepípedo que contiene los dormitorios de los estudiantes y, por el otro, la forma libre que contiene los ámbitos de reunión, el conjunto de los espacios individuales y el espacio social. El primero expresa claramente esta característica de “edificio como agrupación de células” a través de su fachada sur, compuesta por un módulo de carpintería que se repite indefinidamente en correspondencia con la serie de los cuartos.

Pero el frente calado correspondiente a la terraza aparece para enmarcar equilibradamente este conjunto de carpinterías modulares. La fachada norte –como corresponde a la orientación más fría– se materializa a través de un muro sólo horadado por pequeñas ventanas puntuales que proveen de iluminación las circulaciones horizontales. El volumen vertical central que contiene los servicios funciona como nexo con el cuerpo bajo que contiene los ámbitos comunes, el cual es en esencia, un gran espacio tratado con una gran libertad formal, cuyas poéticas curvas contrastan con la austeridad de líneas del primer volumen.

Al mismo tiempo aparecen en la producción del maestro los primeros elementos de adjetivación mural que rompen con la ortodoxia de los planos blancos del período anterior: la textura de la piedra en la pared curva y los trazados modulares dibujados en las fachadas norte y laterales del bloque de los dormitorios. “La arquitectura es el punto de partida del que quiera llevar a la humanidad hacia un porvenir mejor” Le Corbusier. La Casa Curutchet es un curioso –y por cierto que plenamente logrado ejemplo desde el punto de vista plástico– de adaptación de los principios característicos de la arquitectura doméstica de Le Corbusier a las particularidades del contexto urbano de una ciudad argentina.

En este caso dichas particularidades se centran esencialmente en dos temas: • la construcción de una vivienda unifamiliar en un terreno de dimensiones limitadas entre medianeras, circunstancia inédita en la producción anterior del autor, lo que determina una vivienda de una sola fachada; • el hecho de que como consecuencia de la estructuración urbana de la ciudad de La Plata según avenidas diagonales, el eje longitudinal del terreno tenga una inclinación cercana a los 45° con respecto a la línea municipal. Le Corbusier, enfrentado a estos dos hechos, responde a ellos con notable destreza, derivando de dicha respuesta su partido.

Éste consiste efectivamente en dividir el programa en dos bloques. El primero contiene en el primer piso los consultorios y ámbitos de trabajo del comitente y en el segundo la terraza jardín y se toma a la línea municipal respetando así la continuidad fachadística de la cuadra y absorbiendo en su materialidad la divergencia angular mencionada. La consolidación de este frente está acentuada por la prolongación del parasol hacia arriba, que enmarca virtualmente el frente de la terraza, y por el techo de ésta en doble altura, apoyado contra el lindero más alto.  (Articulo enviado por:  Pedro Perez j7c1a1@yahoo.es)


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