Planos de Le Corbusier



Pero esta afirmación de las leyes plásticas intrínsecas de la obra no se refuerza sólo por su independencia del paisaje sino también de lo que ocurre en el interior de la obra misma.

La tira de aventanamiento corre así, indiferente y autorreferencial, tanto por delante de los espacios cubiertos como por delante del patio a cielo abierto en torno al cual éstos se organizan. El libre juego de los volúmenes de la terraza termina de conferirle al conjunto el aire de una perfecta escultura purista. Esta síntesis de la totalidad de los principios sostenidos por Le Corbusier hasta el momento es lo que le confiere a la casa su reconocido carácter de “obra-manifiesto”, al mismo tiempo que la convierte en una obra plástica de puro lirismo.

El análisis de las plantas no revela aspectos mayormente significativos, más allá del tratamiento de la planta baja en relación con el movimiento de los vehículos y la organización tipológica “cuasi claustral” del piano nóbile en torno al patio. Pero lo verdaderamente significativo del interior está constituido por la introducción de la rampa que une los tres niveles, la célebre “promenáde architectural” que culmina en la terraza, donde la casa, ya liberada de sus compromisos funcionales, se vuelve pura poesía.

Gesto cubista que, al mismo tiempo que “abre” la casa mostrando su estructura interna, permite la fruición de esta como aquello en lo que finalmente ha devenido: una de las obras cumbres del arte de la primera mitad del siglo XX. Cité de Refuge. 1929 – 1933. París, Francia. “La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes ensamblados bajo la luz.” Le Corbusier

Hay tres obras que configuran un momento muy especial en el conjunto de la producción de Le Corbusier, construidas todas entre los años 1930 y 1933. Ellas son: el Pabellón Suizo, la Armeé du Salut, ambas en París, y el Inmeuble Clarté, en Ginebra. El autor, alrededor de sus 45 años, se enfrenta por primera vez con la realización de edificios concretos que exceden la escala de las viviendas unifamiliares e, incluso, de la vivienda en tira de la década anterior (Pessac). Accede por fin a la posibilidad de ver materializarse tres proyectos suyos en el área temática de los edificios institucionales y de vivienda colectiva.

Pero más allá de dicha circunstancia, lo que interesa en ellos y les confiere su singularidad distintiva es que constituyen probablemente los únicos exponentes de un momento creativo y de un modo de materialización plástica que no volvió a repetirse en el conjunto de la obra del autor.


Le Corbusier ya había puesto en práctica sus ideas y madurado sus experiencias en las casas individuales construidas en la región de París durante la década del ´20, pero todavía estaba lejos de aparecer en el horizonte la manera brutalista de las obras de la segunda posguerra. En estas obras tempranas de la década del ´30 hacen su aparición una serenidad y un “clasicismo” propio de la segunda fase del movimiento moderno. Ya no aparecen ni la rigidez irrestricta de los cinco puntos ni el cubismo programático de las obras anteriores y las obras se abren a una mayor libertad expresiva, a la introducción de nuevas texturas y materiales y a una notable madurez en el manejo de los recursos plásticos. En este sentido, estas obras se emparentan con otras, características de la madurez del racionalismo como el Sanatorio de Paimio, la casa Tugendhat o la Fábrica Van Nelle. (Articulo enviado por:  Pedro Perez j7c1a1@yahoo.es)

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2012, 12. Planos de Le Corbusier. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/articulos/lecorbusier-planos.html.