Reduccion de la luz


   


La reducción de la luz.

Una de las diferencias principales entre la enorme sala hipóstila de Karnak y la basílica paleocristiana reside en el tratamiento de la luz. Los egipcios amaban la semioscuridad no solamente en sus templos sino también en sus casas. Les gustaba colocar las ventanas lo más alto posible como se ve en un conocido modelo funerario de una casa de los tiempos predinásticos.

Tenemos una información más precisa sobre el modo de vida de los egipcios en el Imperio Nuevo. En una de las casas de Tell el-Amarna, “la decoración de las Sala Norte estaba concentrada en la parte superior de las paredes donde a intervalos había pequeñas ventanas enrejadas en los muros exteriores”. Hay algunos restos, escasos, del palacio de Amenofis III de la generación anterior en Malkata, Tebas.

Se ofrece una viva descripción del palacio del constructor del templo de Luxor: “Las habitaciones privadas del rey consistían en una larga sala con columnas, con un salón del trono, a espaldas de la cual se abría un cuarto de baño y una antecámara que daba al dormitorio del rey. A cada lado de la sala había cuatro series de habitaciones para las damas principales del harén”. En el salón del trono con columnas, las ventanas, con sus rejas de piedra y estrechas aberturas para la luz, estaban colocadas cerca del techo.

El mismo sistema de iluminación aunque en grandes dimensiones, fue utilizado en la sala hipóstila ramésida de Karnak, la cual tiene aberturas para la luz semejantes a las utilizadas por Tutmosis III en su sala de festivales, aunque enormemente mayores. Ocho aberturas abarcan la longitud total de la diferencia de alturas entre las columnas bajas y el arquitrabe que soporta el techo del pasillo central. Estas ventanas habrían podido dar paso a un torrente de luz, pero fueron rellenadas con las típicas rejas de piedra perforada características de Egipto.

Esta construcción ha sido frecuentemente comparada con la basílica cristiana, sin embargo en esta última la luz podía entrar sin obstáculos en la nave a diferencia de Karnak donde las rejas de las ventanas actuaban como tupidas cortinas. El deseo de semioscuridad es todavía más evidente en la luz procedente del techo de Karnak, a veinticuatro metros de altura. Pequeñas aberturas (23×18 cm. aproximadamente) fueron taladradas en las gruesas planchas del techo (de más de 80 cm. de grosor), de manera que la luz penetraba como por el ojo de una cerradura. “Así la luz solamente podía entrar en finos rayos a través de estas pequeñas aberturas”.

En las láminas de color se muestras una de estas ventanas sin la reja de piedra perforada y también una de las planchas del techo perforada, y que estuvo pintada de azul.

(Articulo enviado por:  Felipe Vergara Lucero- bodyarquipro@yahoo.com)


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