Mantenimiento de instalaciones de iluminacion


   


Mantenimiento de instalaciones de iluminacion.

  El mantenimiento de instalaciones de iluminación abarca generalmente el cambio de lámparas y la limpieza de luminarias, y en algunos casos también el reajuste o la reorientación de proyectores y luminarias orientables. Objetivo del mantenimiento es en primer lugar la garantía de la iluminancia mínima indicada, es decir, la limitación de la ineludible depreciación de flujo luminoso en una instalación de iluminación. Razones para esta disminución son tanto lámparas fundidas y la sucesiva pérdida del flujo luminoso de las mismas como el empeoramiento del rendimiento óptico debido al ensuciamiento de reflectores o cierres de luminarias.

Para evitar una disminución del flujo luminoso —y con ello de la iluminancia— por debajo de un nivel indicado, es imprescindible realizar periódicamente un cambio de todas las lámparas así como la limpieza de las luminarias. Resulta conveniente realizar ambos procedimientos de mantenimiento conjuntamente porque el tiempo de trabajo y la puesta a punto de ayudas técnicas, como la plataforma elevadora y los aparatos de limpieza, juegan un factor esencial en los gastos de mantenimiento. Mediante la fijación de un factor de conversión en la planificación de iluminación se dejan controlar los espacios entre mantenimientos.

A través de la indicación de pequeños factores de conversión se consigue al principio un nivel luminoso más elevado y el período hasta la disminución del flujo luminoso por debajo del valor crítico se prolonga correspondientemente. Mediante los correspondientes datos también se puede conseguir con ayuda del factor de mantenimiento el sincronismo en el cambio de lámparas y limpieza de luminarias. Así, por ejemplo, en lugares con polvo se aplica un factor de mantenimiento bajo (por ejemplo, 0,6 en vez del valor usual de 0,8), para poder adaptar los intervalos entre la limpieza de luminarias a la duración de vida de las lámparas.

Tanto para el cambio periódico de lámparas como para los eventuales cambios sueltos se debería disponer de la suficientes existencias de los tipos de lámparas necesarias. De este modo se puede garantizar que en una instalación de iluminación únicamente se van a utilizar lámparas de la misma potencia, color de luz u otras propiedades técnicas. En algunos tipos de lámparas, por ejemplo en lámparas halógenas incandescentes para tensión de red, los productos de diferentes fabricantes difieren tanto entre sí en su ejecución, que sólo se consiguen acciones luminosas homogéneas mediante el equipamiento de las luminarias con lámparas universales.

No obstante, además de cuestiones cuantitativas también los aspectos cualitativos pueden ser decisivos para el mantenimiento. Así, una sola lámpara diferente en un grupo de Downlights dispuestos geométricamente o en una línea luminosa tendrá una repercusión insignificante sobre la iluminancia, pero para el efecto óptico de un espacio la interrupción de la muestra de luminarias claras puede significar una molestia considerable. Esto es igualmente válido para los efectos luminosos obtenidos por las luminarias; un cono de luz que falla sobre una pared dentro de una alineación general produce el mismo efecto molesto que una caída repentina de luminancia causada por un bañador de pared defectuoso. En este caso sería conveniente saltarse el principio del cambio periódico de las lámparas y sustituir la lámpara fundida siempre individualmente.

El ajuste de las luminarias pertenece también al ámbito del mantenimiento cualitativamente condicionado. Sobre todo en la iluminación presentativa es necesaria una nueva orientación de las luminarias en caso de cualquier modificación dentro del espacio, como por ejemplo la instalación de una nueva exposición o el desplazamiento de tarimas, estanterías o vitrinas en espacios destinados a la venta, que deben resaltar diferentes zonas presentativas. Es tarea del luminotécnico elaborar un plan individual de mantenimiento orientado según las correspondientes condiciones y provisto del material informativo necesario. El plan de mantenimiento se debe elaborar de tal forma que el usuario esté en condiciones de efectuar correctamente el correspondiente mantenimiento de la instalación de iluminación según los requerimientos técnicos de la misma.

En los capítulos anteriores se ha presentado la planificación de iluminación de orientación cualitativa como un proceso complejo en el campo de los requisitos funcionales, psicológicos y arquitectónicos de tareas concretas. Ante el fondo de tal concepto de planificación basándose en proyectos, se hacen evidentes las posibilidades y limitaciones de una serie de ejemplos de aplicación. De todos modos, en este caso no se debe permitir un registro de procedimientos estándar, que sin duda prometen una transmisibilidad libre de problemas a otros proyectos de iluminación, pero que en cambio no pueden hacer justicia a las exigencias de soluciones individuales y adaptadas a los cometidos.

Tampoco está libre de problemas un análisis sobre planificaciones de iluminación hechas, debido a que sin duda se puede demostrar en un ejemplo concreto la solución diferenciada, que cumple con las exigencias de los cometidos de iluminación, pero precisamente por eso se hace prácticamente imposible una transmisión a otros cometidos. Si un manual sobre la planificación de iluminación cualitativa desea abarcar más que una presentación de fundamentos técnicos y una relación de exigencias a la misma, la descripción de ejemplos de aplicación debe limitarse a proponer conceptos básicos generales, que pueden servir como base y estímulo para la planificación detallada bajo el planteamiento de cometidos concretos.

Los ejemplos de planificación en este capítulo renuncian por tanto conscientemente a las elaboraciones detalladas, que sólo son válidas para una definida situación y cometido del espacio. Esto ante todo es válido para la indicación de iluminancias y datos exactos de las lámparas. Plantas y secciones, en cambio, se orientan, salvo contadas excepciones, por la escala 1:100 para proporcionar dimensiones comparables de los espacios e instalaciones de iluminación.

La elección de luminarias se limita conscientemente a los instrumentos de uso corriente en la iluminación arquitectónica. Luminarias decorativas y ejecuciones especiales, tal como se pueden y deben aplicar oportunamente dentro del marco de conceptos individuales, sólo se encuentran en casos sueltos. La tarea de los ejemplos consiste más bien en demostrar conceptos fundamentales, que pueden servir como estructura de planificación para numerosas soluciones independientes. Lo que en este caso sólo se debería tener en cuenta son los requisitos en general necesarios para una área de planificación, así como la correspondiente orientación hacia una iluminación funcional, perceptible o arquitectónica.

Sobre esta base se recomiendan una serie de conceptos alternativos, que abarcan tanto la elección de adecuadas fuentes de luz y luminarias como una disposición de luminarias que corresponde a las exigencias formales y luminotécnicas. No obstante, el objetivo en la planificación de iluminación en el caso concreto debe seguir siendo el adaptar los conceptos ofrecidos a las características de calidad exigidas a la luz, a las condiciones de utilización y formas arquitectónicas, de modificarlas o ampliarlas mediante la aplicación de luminarias decorativas y efectos luminosos, dicho más brevemente: transformar en general los conceptos básicos en soluciones individuales de iluminación.

Gracias al colaborador Tomas Matias Rodriguez por enviarnos este material para ser publicado. 

[ Equipo arquitectura y construcción de ARQHYS.com ].


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