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Existieron edificios que, a la manera de industrias, fueron
destinados a un solo fin: trabajo textil, metalúrgico, etc. El tráfico en las
calles, generalmente no pavimentadas, era peatonal; el principal animal de carga
era el burro. Las calles mayores llegaron a medir hasta 3 metros de ancho y
conducían principalmente a los edificios más importantes. Junto a ellas las
viviendas más pudientes y en callejuelas menores y pasajes los más pobres.
Amplias plazas o jardines abiertos eran raros de encontrar por el alto valor del
suelo. Las casas se agrupaban en grupos congestionados, consistentes y eran
diseñadas en plantas rectangulares divididas en cuartos ortogonales alrededor de
un espacio central. Pero la realidad de la ciudad hacía estragos con el orden
conceptual del arquitecto. Era costumbre no limpiar las ruinas de la casa
anterior cuando se utilizaba un lote sino utilizarlas como fundación. Como
resultado se imponía el orden de la vieja casa. Como la basura se tiraba a las
calles, el nivel de las mismas subía rápidamente lo que obligaba a construir las
casas más arriba, sobre las antiguas. Las viviendas eran generalmente de un
piso, con ladrillos de adobe y varios cuartos alrededor de un patio central. No
había ventanas al exterior. La familia se volcaba al interior. Las casas más
pudientes eran de dos pisos, con una docena de habitaciones; la familia vivía
arriba y los sirvientes abajo. LAS
CIUDADES MESOPOTÁMICAS
Los primeros asentamientos aparecidos hacia el 7.500 a.C. parecen morir hacia el
5.500 a.C. Cuando nuevamente nos encontramos con la ciudad 15 siglos después, en
la tierra “entre ríos”, como es denominada Mesopotamia, ésta reaparece con nueva
fuerza y singular intensidad. Ahora estamos frente a una cultura urbana
concentrada, sostenida por una tradición escrita. Es indesmentible que la forma
de la ciudad nació en Mesopotamia, pues nunca antes nada igual había existido en
la historia de la humanidad. (Articulo enviado por:
Felipe Vergara Lucero-
bodyarquipro@yahoo.com)
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