|
Cuando aparecen preguntas o respuestas, éstas tienden a ser
parciales y dispersas. Los cambios que vivimos se producen de manera
vertiginosa: supera nuestra capacidad de asimilación y nos resultan muy difícil
de internalizar. Cuando comenzamos a acostumbrarnos a las nuevas situaciones,
éstas son superadas por nuevos cambios. Es con relación a estos procesos de
rupturas aceleradas, que ubicamos la crisis de sentido del discurso emancipador
del hombre. (Tomamos la palabra “sentido” en una doble acepción: la referida a
dirección, hacia dónde van esos cambios, cuáles son los posibles caminos, y la
que alude a su significación social, moral, cultural, personal, a los valores y
creencias). La confusión, la desorientación, el desconcierto, se expresan en la
desconfianza y la indiferencia hacia las posibilidades emancipadoras de la
sociedad.
Rasgos comunes a la crisis. Desde uno y otro campo se definen algunos rasgos
comunes de la crisis: el peligro de estallido de las guerras, los
totalitarismos, la brecha creciente entre la riqueza del norte y la pobreza del
sur, el desempleo y la “nueva pobreza” tecnológica, la crisis del Estado
benefactor y de la representación política, el resurgimiento de posiciones
neoliberales y la apología de la economía de mercado, el explosivo desarrollo de
las nuevas tecnologías de la comunicación que globalizan al mundo, la
cibernética y la robótica, los cambios geopolíticos, la imposibilidad de
establecer sólidas normas estéticas para el arte, la crisis de los valores en el
ámbito moral, la explosión del conocimiento y las enormes posibilidades de
clasificarlo y archivarlo, etcétera. La incertidumbre reina sobre el espíritu de
“...una época que se siente en mutación de referencias, debilidad de certezas y
proyectada hacia una barbarización de lo histórico” (Casullo, 1999). Las
condiciones posmodernas quedan expresadas como una época de desencanto, de fin
de las utopías, de ausencia de los grandes proyectos que descansaban en la idea
de progreso. Los planteos de los pensadores posmodernos (Lyotard, Lipovetsky,
Vattimo, etcétera) coinciden en generalizar la caída del proyecto ilustrado y el
agotamiento de la razón moderna. Si bien coincidimos en caracterizar nuestro
contexto actual como de crisis de la modernidad, no acordamos en nombrarlo como
posmoderno, sino más bien nos parece que estamos frente a una segunda
modernidad, a una segunda revolución industrial que es científica-tecnológica
basada en el conocimiento como principal factor de organización social, que nos
desafía a formar una segunda ciudadanía.
Modernidad sobregirada. En lo referido a lo estético, la nueva cultura se
expresa como el predominio de lo ornamental y lo escenográfico en tecnologías
audiovisuales donde predominan imágenes que no están destinadas a perdurar sino
a pautar nuestras vidas a través de impactos efímeros, superficiales. El zapping,
el zipping, el fliping y el grazzing (Elíseo Verón, 1999) modifican nuestras
conductas frente a la pantalla a través de la televisión, del cable y de
Internet y la postelevisión. Los nuevos lenguajes audiovisuales computarizados
promueven mecanismos electrónicos que posibilitan la inmediatez, la
simultaneidad y la fragmentación de la narración en planos y significados,
secuencias en tiempos no lineales, simulación y artificiosidad de imágenes y
escenas que se expresan en la fusión, disolución y superposiciones de mensajes
rápidos (Oscar Landi, 1992). Estamos ante un mundo hipermediado que pareciera no
estar sujeto a clasificaciones, interpretaciones, ni críticas que puedan ordenar
el fluido y caótico devenir de imágenes y narraciones.
El sujeto de la modernidad. El sujeto de la modernidad exacerba su
individualización y se registra una ausencia de la trascendencia como valor que
posibilitaba el proyecto ilustrado que formó la primera ciudadanía. La
trascendencia religiosa también está fragmentada como producto de la
secularización de lo moderno. Es muy importante permanecer jóvenes, con la
exaltación de un cuerpo disociado que se vive como territorio ajeno, como
espacio vacío de emociones perdurables que se desangran frente a la
imposibilidad de acceder a los imperativos de una cultura narcisista.
Imperativos de una exaltación de los sentidos, de un hedonismo del individuo
autorreferente, del exitismo de un cuerpo que parece ser un envase disociado del
sujeto (Lipovetsky, 1986). La satisfacción inmediata de los deseos parece
posible en el marco de una indeterminación social que da paso a las expresiones
individuales sin límites. En esa segunda modernidad es como que todo está
sobregirado, excedido. Los nuevos espacios nos exceden, se constituyen en
no-lugares por los que circulamos cada vez más lejos del encuentro (Marc Auge).
Las instituciones que la modernidad nos prometió como espacios de realización
libre de¡ hombre, se han vuelto antropófagas y se han convertido en ámbitos de
desencuentro, que se comen lo más humano de nosotros.
Educar para el cambio. Consideramos a las instituciones educativas como
portadoras de una cultura particular, propia, lo cual pone el acento en el
protagonismo de los actores institucionales como verdaderos artífices de su
transformación y no meros ejecutores de políticas diseñadas externamente. La
pedagogía adquiere así una dimensión protagonista y transformadora que es un
desafío frente a la crisis de sentido que plantean las nuevas condiciones, por
cuanto puede orientar y guiar a las instituciones educativas hacia una sociedad
más equitativa. El poder del conocimiento en el mundo contemporáneo está
estrechamente relacionado con los avances científico-tecnológicos, con la
globalización económica y con la aparición de nuevos modos de producción y
organización del trabajo. ¿Cuál es la función de las instituciones educativas en
ese contexto? Sin dudas, las de enseñar a pensar, actuar y compartir
Las nuevas demandas. En la actualidad, surgen nuevas demandas a partir de
nuevos paradigmas productivos que valoran otras capacidades diferentes a las que
la escuela tradicional viene formando y que se relacionan con la formación de un
alumno que pueda pensar, actuar y compartir experiencias con capacidad creativa
y crítica, con autonomía y habilidad para el trabajo en equipo, con seguridad
para la toma de decisiones, con capacidad para escuchar y comunicarse, con
estrategias para enfrentar la incertidumbre y el temor a lo desconocido y con
destrezas que le ayudan a resolver problemas. Estas capacidades se sostienen
tanto en la posibilidad de aprender a aprender como la de aprender a emprender,
internalizando una cultura institucional y unas disposiciones que los preparen
para enfrentar los cambios y para asumir la vida integralmente, de modo
positivo, activo y transformador. Esta capacidad de emprendimiento no se
resuelve sólo desde el área intelectual sino que está estrechamente relacionada
con los aspectos afectivos, sociales y corporales y dependen de la formación de
una personalidad integralmente desarrollada. Es por eso que la formación
integral configura uno de los ejes centrales de nuestra propuesta, reubicando en
el centro del debate el carácter enseñante de la escuela, como espacio no sólo
de prácticas educativas sino también de elaboración de teorías. En este sentido,
adquiere importancia la metodología de resolución de problemas que promueve el
aprendizaje permanente para que, cuando egresen de la escuela, los alumnos
continúen aplicando sus experiencias. El mejoramiento de la calidad de vida no
está relacionado con la ausencia de conflictos sino con la capacidad para
enfrentarlos y resolverlos, transformando los conflictos en situaciones
problemáticas y éstas en oportunidad de crecimiento. Una educación basada en la
experiencia, que forme para enfrentar la incertidumbre, centrada en el
crecimiento cualitativo de la persona y la sociedad, donde las situaciones
problemáticas como motor de aprendizajes, la creatividad del arte y la educación
por el movimiento, configuran alternativas de integración frente a un mundo
fragmentado que proclama el individualismo exacerbado como un valor y arrasa con
la dimensión colectiva y solidaria de nuestras vidas. (Enviado por:
JAVIER BASTIDA ) |