El arquitecto moderno


   


TOYO ITO, EL ARQUITECTO.

DE LA VIDA MODERNA. Iñaki Abalos ¿QUÉ hace de Toyo Ito una figura tan singular de la arquitectura contemporánea, tan reconocible y precisa? Frente a otros que extraen su dosis de contemporaneidad a través de una inmersión voluntaria en la vorágine de los tiempos, en un ritual de celebración del caos casi primitivista; frente a quienes necesitan aislarse para producir como eremitas un perfeccionismo autista, Toyo Ito se pasea por el presente con una envidiable calma y seguridad, como quien recorre los bulevares de una ciudad cosmopolita o asiste por casualidad a una gran fiesta y se divierte contemplando los distintos aspectos, vestimentas y comportamientos de la gente.

Gran parte de esta posición ha sido construida a través de sus escritos, textos a menudo sencillos en apariencia, sin aparato de citas o documentaciones exhaustivas, utilizando el placer de la escritura para reconocerse a sí mismo y establecer una mirada personal sobre las cosas. Lo que hace de Ito esa figura reconocible es, probablemente, la largueza de su mirada, la distancia y el foco que emplea. Pero ése es precisamente el significado etimológico de la theoria, establecer una distancia para la contemplación y organización de nuestro conocimiento, y por eso estos textos breves y casi coloquiales tienen un valor inestimable; con ellos Ito no se limita a describir lo que ve, no busca informar el presente en un tono periodístico.

Para Ito, y para sus lectores, estos textos son una gimnasia de la fantasía, son un ejercicio que permite aislar del conjunto de estímulos que desordenadamente se presentan ante nosotros una forma creativa de contemplarlos, denominándolos y dándoles el carácter de señales, indicios o pistas que informarán más tarde sus decisiones proyectuales. A menudo seguimos pensando la teoría como una forma de producir categorías frente a los fenómenos, de aislar de la realidad principios rectores que nos permitirán seleccionar ética o moralmente lo que es bueno o lo que es apropiado frente a lo que es negativo, subproducto rechazable, pura apariencia o seducción equívoca. Quien así piense pierde para sí prácticamente el mejor bocado de modernidad, un largo siglo de transformaciones estéticas y conceptuales sin retorno.

Los escritos de Ito se miran en los de Baudelaire; parafraseando los de éste aceptarían bien agruparse bajo el epígrafe “el arquitecto de la vida moderna”. Este flâneur de la era digital se pasea por el mundo sin preconcepciones morales, lo que hay es lo que hay, y hay que saber mirarlo con fruición estética aunque, o precisamente porque, esa actitud llega a irritar a personajes como el príncipe Carlos, tal y como él nos narra en un momento dado. Lo que Toyo Ito hace no es por tanto informar periodísticamente el presente ni aplicarle categorías que permitan proceder a su valoración, sino utilizarlo para estimular la imaginación o, más precisamente, la fantasía, para excitar la aparición de imágenes que siendo producto de los fenómenos van más allá de éstos.

La phantasia es aquella propiedad de la imaginación que consiste en la capacidad para producir imágenes, “fantasmas”, apariciones o alucinaciones, algo que no está en la realidad pero sólo a su través la mente es capaz de construir. Pero si tan sólo ése fuese el resultado de su actividad teórica, un conjunto de fantasmas arquitectónicos, el valor de sus escritos probablemente quedaría reducido a ser testimonial, un registro de la “cocina” del autor, de su modo de operar. Quedarían restringidos a lo meramente autobiográfico. Por contra, lo verdaderamente singular y atractivo de esta parte de la actividad de Toyo Ito como arquitecto –pues realmente construye arquitectura, su arquitectura, a través de las palabras–, es que su interés desborda lo autobiográfico porque esconden una gran ambición cosmogónica, porque con ellos Toyo Ito no sólo busca individualizar imágenes estéticas particulares sino construir una visión totalizadora.

Si analizamos de forma sumaria los temas que se reiteran, lo que es recurrente en sus escritos, nos encontramos una y otra vez tres polos que hacen explícita esa ambición cosmogónica: las técnicas digitales, la visión de la naturaleza y la búsqueda de definición para el sujeto contemporáneo. Lo natural, lo artificial por excelencia y el hombre y la mujer actuales enmarcados en un único tiempo, el presente, componen siempre el núcleo temático de estos artículos que rozan a veces el género de la ficción narrativa. La arquitectura quedaría insertada en ellos como el resultado de la interacción de sus protagonistas, como aquello necesario que media y se produce como efecto, un producto del rozamiento, de la fricción de estos agentes.

La técnica que le interesa es aquella que sin prácticamente visibilidad ha transformado la organización e imágenes del mundo en nuestra época. Pero no son las técnicas actuales por sí mismas lo que atrae su fantasía sino la enorme capacidad de transformación de la subjetividad que poseen, haciendo que no sólo la idea de ciudad haya cambiado irreversiblemente sino también la escala con la que entendemos hoy el mundo: es la relación ciudad-mundo lo que obliga a repensar tanto el papel de las técnicas informacionales como de las más específicamente materiales que las acompañan.

Lo que le interesa de la naturaleza no es su contemplación ni sus valores medicinales (los modelos romántico y moderno) sino su capacidad para mostrarnos, para darnos claves emocionales con las que interpretar los cambios culturales que la era digital ha introducido en nuestras vidas. Toyo Ito sabe muy bien que la naturaleza es un constructo cultural, que en cada época el hombre ha desplegado una mirada diferente hacia ella y que en la nuestra, que amenaza con su extinción, la naturaleza esconde revelaciones privilegiadas para quien sepa atender a su voz, sepa ligar los cambios tecnológicos con formas distintas de concebirla y aproximarse a ella.

Toyo Ito es el inventor de un gran concepto de la arquitectura contemporánea, el “espacio líquido”, cuya fluencia, continuidad y viscosidad conformarían una imagen heurística del filtro digital que media entre nosotros y el mundo de los fenómenos. Por último, Toyo Ito, atento a las distintas imágenes del sujeto propuestas por el pensamiento contemporáneo, es un observador de los efectos que estas transformaciones culturales y tecnológicas tienen en la construcción de la identidad. Suya es también la invención de otra figura, “la chica nómada de Tokio”, cuya ligereza, inestabilidad y posición dentro de los flujos del capital la han transformado de marginal en central para la comprensión del mundo actual; una imagen de un sujeto inmolado a favor de que el consumo se encarne en ella misma, un sujeto privilegiado para explorar los cambios en las relaciones entre lo público y lo privado.

Toda esta visión se despliega concentrando el tiempo con verdadero pragmatismo hacia el punto central de la experiencia de este sujeto contemporáneo: un “aquí y ahora” que ni es amnésico ni evita el futuro, pero deja ambos difuminados. Tampoco olvida el contexto en el que este pensamiento se produce casi de forma fatal: Tokio, la expresión más acusada de lo que una megálopoli ha llegado a ser en el cambio de milenio. Pero rechaza igualmente un localismo estrecho. Tokio, Japón, son sólo referencias concretas de un contexto más amplio e impreciso en el que estamos todos envueltos, que nos rodea como un film transparente mediatizando nuestra experiencia.

En Toyo Ito la importancia de ese “aquí y ahora” capaz de trastocar la experiencia del mundo estriba en que demanda al arquitecto contemporáneo no sólo el valor de afrontar una nueva realidad sino también actuar en consecuencia, asumiendo la condición del pionero y repensando el estatuto de la arquitectura. “Tarzanes en el bosque mediático” es el sugestivo título de uno de sus últimos textos que hace bien explícita no sólo la composición triangular de su cosmogonía –sujeto, naturaleza, técnica–, sino también la forma radical que imagina para establecer una refundación de la arquitectura al modo del abad Laugier, repensando la disciplina desde la cabaña más elemental. Eso sí, levantada ahora en un bosque de multinacionales y microchips, tan brutal y violento, tan primitivo, como la naturaleza que inspiró al abad.

Tecnología digital, naturaleza y sujeto interactúan en el escenario fantasioso desplegado por Ito componiendo una verdadera cosmogonía contemporánea y alumbrando imágenes de una gran fertilidad. Contemplando tras la lectura de sus textos la Torre de los Vientos, los Pao 1 y 2, la Silver Hut, o la más reciente Mediateca de Sendai, quizás su obra más sintética, será sin duda fácil entender cuánto la construcción de esta visión del mundo ilumina su trabajo práctico, cómo una y otra se alimentan mutuamente componiendo una postura única en el panorama de la arquitectura actual, ajena a la ansiedad de los profetas de caos –una genuina huida hacia delante cuyo final es imposible de vaticinar – y ajena al elitismo de los ensimismados en la coherencia del objeto que olvidan lo mejor que puede pedirse a la arquitectura: su capacidad para describirnos y, por ello, sorprendernos.

Ito nos retrata a través de su cosmogonía, nos aproxima a un mundo inestable y fugaz sin ansiedad; acepta instalarse en la ausencia de certezas con optimismo; extrae belleza de lo prosaico y construye con estos materiales verdaderos monumentos de nuestra época. Algo que, como se afirmaba al inicio de esta presentación, es verdaderamente singular, pues aúna un genuino amor hacia la arquitectura –fíjese el lector que Toyo Ito es casi el único ensayista contemporáneo que ensalza sin reservas a Le Corbusier y Mies van der Rohe, poniendo en evidencia una estupenda relación con la modernidad, como si hubiese superado sin traumas esa paternidad tan autoritaria–, con una intensa fe en las potencias estéticas de una tecnificación sin aparente materialidad, prácticamente evanescente.

El lector tiene ante sí un libro prodigioso, tan fácil y agradable de leer como sofisticado y complejo de construir, un cuerpo teórico que parte de la aceptación del mundo tal y como se nos presenta para elaborar imágenes fantásticas capaces de transformar la práctica de la arquitectura en algo no sólo deseable sino también necesario.

 

(Enviado por: Marie Matos R. Autor Oficial: Toyo_ito, escritos.)


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