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El camino procesional conducía a través de estos cuatro
pilonos y continuaba más de 275 metros a lo largo de la avenida de esfinges,
hasta el santuario de Mut. Otros caminos sagrados se bifurcaban hacia otros
santuarios. Dentro del gran patio interior del Pilono VIII, Tutmosis III erigió
un nuevo pilono (ahora el VII). Relieves convencionales de la matanza de los
enemigos derrotados cubrían las paredes, y aunque éste es el peor conservado de
los pilonos, dichos relieves todavía son visibles. Una escena del faraón en
dimensiones heroicas, descargando su maza sobre un grupo de prisioneros que
representan los territorios conquistados y asiendo con una mano por los cabellos
a un grupo de enemigos se repite en la fachada de cada pilono. Desde el punto de
vista iconográfico esta escena se remonta a los comienzos de la I Dinastía, a la
paleta de Narmer. Formaba el telón de fondo de un rito de purificación realizado
en el momento de entrar en el recinto sagrado.
Con ocasión de su trigésimo aniversario Tutmosis III construyó en la pared
oriental una capilla-almacén con un deambulatorio y una salida al vecino lago
sagrado. Detrás está el edificio de Taharqa -no estudiado ni excavado realmente-
cuyas paredes se hallan cubiertas con relieves relacionados con el culto de
Osiris. Antes que los dos últimos pilonos (ahora IX y X) adquirieran su forma
definitiva bajo los ramésida, Amenofis II edificó un notable templo jubilar con
14 pilares en su parte delantera con una sala hipóstila posterior. Estos 4
pilonos del sur, así como los edificios, sufrieron muchas restauraciones y
usurpaciones por parte de soberanos posteriores. (Articulo enviado por:
Felipe Vergara Lucero- bodyarquipro@yahoo.com) |