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Las pirámides.
La humanidad ha producido obras de impresionante belleza, destinadas a perdurar
durante siglos para permitirnos recordar que, cuando queremos, podemos emplear
nuestro esfuerzo y talento para construir maravillas. Estas obras nos
representan como humanos, definen nuestra identidad. La mas antigua de las siete
maravillas, y la única que ha llegado hasta nosotros, es el conjunto de
pirámides de Gizeh, en Egipto. |
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Los egipcios iniciaron la construcción de pirámides durante
el Antiguo Imperio (la más antigua tiene más o menos cinco mil años – la de
Sakkara, tumba del faraón Kjoser, 2750 a. C.). El inventor de las pirámides fue
el famoso arquitecto Imhotep. Luego de el ejemplo de Sakkara, continuaron
construyendo pirámides a lo largo del Imperio Medio en el que se empleó el
sepulcro subterráneo en vez de pirámides. Están construidas de bloques de
granito de un metro de altura que forman filas que cazan de forma que no
permiten que entre un cuchillo entre ellos. Las filas de piedras están pintadas,
formando franjas de diferentes colores con la punta de color dorado. Todas las
pirámides tienen la misma alineación: están orientadas al norte con total
exactitud, los lados de la pirámide tienen una inclinación de 51º, y cuando uno
se acerca produce la sensación de que la pirámide se cae encima de uno. En los
alrededores están las pirámides menores y mastabas para los altos funcionarios.
A pesar de las precauciones, son pocas las tumbas egipcias que permanecen
intactas. Los ladrones de tumbas y los árabes las han saqueado con el paso del
tiempo. De las tres pirámides del complejo de Gizeh, la única que permaneció
intacta hasta la llegada de los arqueólogos fue la más pequeña, la de Micerino.
Las pirámides de Gizeh, que son tres, pertenecen a la IV dinastía. Se perfilan
en el horizonte luego de cruzar el suburbio de El Cairo (al que le deben su
nombre) y de avanzar en dirección suroeste a lo largo de Sharia al-Ahram o
Avenida de las Pirámides. La historia de Gizeh se remonta por lo menos hasta el
reinado del faraón Ninetjer de la II dinastía (su nombre aparece en algunos de
los sellos de jarras hallados en una tumba en la parte meridional del
yacimiento). Una tumba aun más antigua, la del faraón Wadj, de la I dinastía, se
localiza al sur del área descrita como la necrópolis de Gizeh. Actualmente, el
aspecto del lugar es el resultado de la configuración natural del terreno y el
papel que el hombre ha jugado en los alrededores. Se extrae piedra caliza, que
abunda en fósiles y se usa como material de construcción para pirámides y
mastabas. Los efectos que tuvieron las actividades de cantería son más obvios en
la parte sudeste de las pirámides de Jefrén y Men-kau-Ra. El sitio se divide en
dos grupos que se asientan sobre un terreno más alto y separados por un alto
uadi. El primer grupo se compone por las pirámides y por los campos circundantes
de las mastabas particulares. Los templos del valle, que pertenecen a las
pirámides, y la Gran Esfinge con los templos adyacentes se sitúan en una meseta
más elevada. El grupo más pequeño está compuesto por tumbas particulares y menos
importantes, y se encuentra sobre una cadena de montículos, al sudeste. El
estudio de este grupo de pirámides se inició en el siglo XIX. Algunos de los
exploradores más importantes del área fueron: Giovanni Battista Caviglia,
Giovanni Battista Belzoni, R.W. Howard Vyse y J.S. Perring. Sin embargo, los que
más contribuyeron al actual conocimiento de Gizeh fueron George Andrew Reisner,
Hermann Junker y Sellim Asan. Aunque su excavación ha sido sistemática, no se
puede decir que la exploración está terminada ya que falta mucho aun. (Articulo enviado por:
Stewart Orozco
stewart.arq@gmail.com) |