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No fue producto de una sola nacionalidad o región sino que
surgió de forma paulatina y casi simultánea en Italia, Francia, Alemania y
España. En cada uno de estos países surgió con características propias, aunque
con suficiente unidad como para ser considerado el primer estilo internacional,
con un ámbito europeo. Desde el siglo VIII, una serie de acontecimientos
históricos son los que posibilitarán la renovación y expansión de la cultura
europea: la subida al trono de Francia de los Capetos, la consolidación y
difusión del cristianismo, el inicio de la Reconquista en la Península Ibérica
y, fundamentalmente, el nacimiento de las lenguas románicas, son los hitos que
marcan ese resurgir. Sin embargo, el arte no alcanzará una formulación coherente
hasta que es superado el año 1000, cuando una corriente de vitalidad y
expansionismo, tanto económico como cultural, se apodera de las sociedades
occidentales, que van a sufrir un importante crecimiento demográfico,
roturándose nuevas tierras y abriéndose antiguas rutas de comercio, que
posibilitaran los caminos de peregrinación. Toda Europa se ve invadida por una
auténtica fiebre constructiva; se había conseguido formular un arte capaz de
representar a toda la Cristiandad: el Románico. El término románico, como
concepto que define un estilo artístico, fue utilizado por primera vez en 1820
por De Grebille, considerando con este termino todo el arte que se realiza
anterior al estilo gótico desde la caída del imperio romano; y por analogía al
término ya conocido de lenguas románicas, el arte románico sucedía al arte
antiguo tal y como las lenguas románicas eran las sucesoras del latín.
Posteriormente, la acepción de arte románico se fue restringiendo y pasó a
designar el arte desarrollado en Occidente entre los siglos XI y XII, aunque
todavía hoy siguen las controversias para determinar con exactitud la amplitud
de espacio y tiempo que abarca este estilo.
En la definición de este primer arte europeo, es fundamental la reforma monacal
realizada por la orden cluniacense, como resultado de una revisión en
profundidad de las comunidades benedictinas. El monasterio de Cluny, fundado en
el año 930, se convierte en el gran centro difusor de la reforma, alcanzando
rápidamente una gran expansión y consiguiendo que a través de sus monasterios el
arte románico se difundiera por todo el mundo cristiano europeo. Anteriormente a
que la orden de Cluny capitalizara y extendiera este arte románico, ya se había
desarrollado en Italia, en la región de Como, y en España, en Cataluña, lo que
se denomina el primer románico. Los maestros de Como, con sus aparejos de
albañil, su estructura de iglesia de una nave y sus populares bandas lombardas,
así como los primeros abovedamientos de las iglesias catalanas, sentaron bases
sólidas para un rico desarrollo de la arquitectura románica. (Articulo enviado por:
Felipe Vergara Lucero-
bodyarquipro@yahoo.com) |