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Los tres cuerpos están articulados por medio de puentes de
acero con recubrimiento de chapa de cobre, que en su primer piso forman
vestíbulos abiertos y en el segundo elementos de liga entre cada uno de los
cuerpos. Entre cada uno de ellos se han dejado espacios destinados a jardines.
Se utilizó piedra de Xaltocan para los vanos y arcadas y recinto para los
basamentos, colocados de manera austera, sin decoración. En el
año de 1931, a dos años de su conclusión, esta obra fue considerada por la
crítica internacional como uno de los edificios más mexicanos construidos
después del virreinato. Y como era habitual en el estilo art-deco, en que la
arquitectura incorporaba a su decoración las artes y los oficios, los plafones
de la sala de consejo fueron pintados por Diego Rivera, así como también los
frisos del pabellón de laboratorios. Los vitrales que adornan las cuatro
escaleras son de Villaseñor. La clave —centro del arco— de la entrada principal
se labró en piedra volcánica, obra del escultor Manuel Centurión. (Articulo enviado por:
Peter,
Peterperro@hotmail.com)
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