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Harry Pross califica el signo como una relación de tres miembros: el
medio, el objeto designado y la conciencia interpretante. Afirma que el signo
no es un objeto con propiedades, sino solamente una relación: “…La relación del
signo (sujeto, medio, objeto) vincula la experiencia de aquello que se da
todavía fuera del individuo. Los medios o signos están ligados entre si, y esta
red de signos es el medio a través del cual experimentamos la realidad…”
Según Pross, el reconocimiento de esta red de signos se da a través de una
conciencia critica que adquiere el individuo como resultado de un proceso
llamado socialización. Mediante el mismo el receptor desarrolla su capacidad
designadora con respecto al dominio de los sistemas de signos vigentes sin ser
a su vez dominado por ellos. Contrario a los animales, que tienen una relación
inmediata con la realidad, la relación del hombre con su entorno es el producto
de una serie de valores aprendidos mediante este, el objeto mismo y su realidad
concreta. “..Lo que significa para el hombre “realidad” es captado por el a
través de los medios artificiales de los signos de forma que para el no hay
nada mas realidad que la experimentada y objetivada por signos. El hombre ya no
tiene, como el animal una relación inmediata con la realidad; no puede por así
por decirlo, mirarla cara a cara. La realidad virgen parece escabullirse a
medida que se hace mas maduro el pensar y actuar simbólico del hombre.”
Cassire afirma que esta relación del hombre con su medio a través de signos ha
llegado a ser tan usual que el individuo no se ocupa de la cosa misma, sino que
dialoga continuamente consigo mismo. Así, vive tanto en formas lingüísticas, en
obras de arte, en símbolos miticos o ritos religiosos, que ya no puede
experimentar algo si no es conectado con estos medios artificiales…….”ni
siquiera en la practica vive el hombre en un mundo de duros hechos o según sus
necesidades y deseos de carácter inmediato. Vive mas bien, en medio de afectos
imaginados, esperanzas y angustias, ilusiones y desilusiones, fantasías y
sueños”. El hecho de que el individuo solo pueda experimentar la realidad
mediante signos se convierte a su ves, en un medio de dirección de hombres por
parte de otros hombres con ayuda de los signos. Los hombres que poseen un mayor
conocimiento del manejo de los sistemas simbólicos tan bien poseen el poder de
influir sobre los demás con la transmisión de mensajes que llegan al receptor
sin que en ocasiones este llegue a percibirlo de manera directa. Esto ocurre
más frecuentemente con la transmisión de mensajes por medio de la palabra
escrita, pero también en los casos de la fotografía, la arquitectura y la
pintura, etc.
Segunda parte:
Las palabras son signos de orden convencional que al relacionarse entre si
conforman el código del lenguaje. Dentro de este código actúan como elementos o
piezas que conforman este sistema simbólico. Mientras que los símbolos son la
representación del concepto que configura el receptor por medio del mensaje
percibido. “….los símbolos expresan algo conceptual, tienen una función
designadora, Hitler designa un sujeto,es el nombre de un individuo ;pero,
referido a la conciencia interpretante es, para unos, el símbolo de lo
inhumano, para otros el símbolo de un proyecto nacional socialista sobre el
mundo.” Esta función designadora del símbolo lo diferencia también de la
señal; porque dicha función es contraria a la función operativa de las señales.
El concepto símbolo puede definirse como “elemento de la comunicación cuyo
propósito fundamental es simplemente representar una persona, un objeto, un
grupo o una idea”. Partiendo de este criterio podemos señalar como símbolos a
representaciones graficas como la cruz, o el Tío Sam que representa a los
Estados Unidos. Reconocer como símbolos estas representaciones graficas es
parte de un proceso que se inicia con los primeros conocimientos que el
individuo tiene de si mismo y de su entorno. Harry Pross sostiene que el
comportamiento simbólico del sujeto se basa en las experiencias iniciales de la
corporeidad individual. Cuando el hombre alcanza la vertical asume la
conciencia de las dimensiones de lo que le rodea, las mesas, ya no son torres
inalcanzables, los semejantes adultos son menos gigantes y el individuo erguido
asume un juicio de valor con relación a la horizontal: esto es lo inferior a
el. Esta noción de verticalidad-superior, horizontalidad-inferior pasa a formar
parte de su conciencia. El sistema simbólico que utilice el hombre para
producir su realidad no afecta la influencia de su valoración personal. Con
signos lingüísticos o no el hombre sigue debatiéndose entre sus dos mundos. En
el juego de los símbolos se impone y se subordina luchando por sobrevivir, y
aunque no se puede negar que la facultad designadora sirve al conocimiento
humano, como señala Harry Pross. “lo subordinado al conocimiento no solo esta a
merced del error, sino también de la tontería y el engaño”. Fuentes: Revista
Teoría y Acción. No.137 Autor: Geraldo
Antonio Fernandez Liranzo
Universidad Autónoma de Santo Domingo |