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Ciudades Sostenibles; alternativas a la Uniformidad.
Contrariamente al modelo extendido y dominante, no existe una única alternativa
para la ciudad, sino que son posibles muchas y diversas. La ciudad sostenible
será múltiple y diversa en si misma, y respecto al resto de ciudades. Las
ciudades que siguen modelos únicos y transplantados de diferentes realidades
corren el peligro de generar una estructura tecnológica, económica y productiva
de dependencia. Se mitifica el cambio de modelo económico productivo de las
ciudades, donde su papel consiste casi exclusivamente en generar conocimiento
olvidando su aplicación productiva. Entre otras cosas, el resultado práctico de
conocimiento es la producción de bienes necesarios para la construcción de la
ciudad. Si el modelo perseguido responde a patrones establecidos por los
intereses de las empresas productoras, las ciudades generadas a partir de estos
modelos serán clones unas de otras, perdiendo atractivo, individualidad,
peculiaridad y diversidad; a su vez dependerán de tecnologías, productos y
conocimientos que no son propios. Las ciudades pueden convertirse entonces en
eternas deudoras externas, lo que repercutiría indefectiblemente en una
desigualdad y deuda interna aun mayor.
El modelo único es capaz de responder a las realidades locales y sus patrones de
igualdad, tanto en método como en forma, y no pueden aplicarse sin deteriorar el
delicado equilibrio del planeta. Cada ciudad debe encontrar sus mecanismos,
soluciones y formas urbanas. En la diversidad se encuentra la riqueza del
planeta, y si futuro depende de que siga existiendo; la ciudad no puede ser
ajena a este mecanismo. En la naturaleza sobran ejemplos sobre los peligros que
entraña la eliminación de la diversidad: desde la desaparición de especies
animales y vegetales, la desertización de tierras fértiles por deforestación o
por cultivos intensivos no rotativos, hasta la manipulación genética de semillas
que destierra la histórica relación de los agricultores y su trabajo y hace
desaparecer los ciclos biológicos vitales. Al patentar los recursos de semillas
del planeta, las empresas de biotecnología consiguen un control efectivo sobre
buena parte de la producción agrícola mundial. Ellas son los proveedores y todos
los agricultores del mundo se convierten en usuarios que compran el acceso a las
semillas para cada periodo de cosechas.
Este modus operando no hará mas que provocar todavía mas zonas excluidas de las
que existen en la actualidad; la manipulación genética o el crecimiento en manos
del mercado solo son magnificadores de las brechas de desigualdad existen. Las
ciudades que, junto a los ciudadanos y países, sigan un patrón único, corren el
riesgo de ser dependientes y quedar incapacitadas para ser libres para ser
participes de un dialogo entre iguales en ligar de fieles seguidores. Si hasta
ahora las ciudades han sido pensadas por y para el hombre ideal, se hace
imperativo un nievo pensamiento amplio: la integración de la mujer en las
decisiones sobre la ciudad, incorporando su visión como profesional y como
usuario. Las ciudades deben ser sostenibles, entendiendo sostenibilidad en su
amplio espectro que conjuga lo social y lo natural. Seguramente cualquier
planeamiento futuro que busque compatibilizar la justicia y la sostenibilidad
tendrá que descansar sobre una cultura verde que supere esta desconexión radical
entre nuestra devoradora fiesta urbana y las crisis sociológicas que hoy
envenenan no solo el aire, los suelos y los recursos vitales de la tierra, sino
que constituyen una amenaza creciente para la vida y el bienestar de las gentes
cercanas y lejanas del planeta. La omnipresente obsesión por el crecimiento y la
competitividad económica eclipsa constantemente el debate en torno a los fines
sociales y ambientales implicados en los proyectos públicos y privados de
desarrollo urbano y en las desiciones ciudadanas en general. Las ciudades deben
encontrar soluciones para detener el desgaste de la tierra y garantizar la
continuidad del planeta y de los recursos para las generaciones venideras. Las
ciudades son los mayores consumidoras del planeta. Consistiendo que casi dos
tercios de población del planeta es urbana, se hace imprescindible un giro, un
cambio en la manera de hacer las ciudades. La naturaleza no se vera mas como un
recursos que da soporte a la población mundial, ni como un idealizado otro no
urbanos. Los urbanos y el medio ambiente natural vistos como una matriz
indivisible donde los humanos y los procesos naturales interactúan.
El deber, por parte de las ciudades, de garantizar las diferencias, que no las
desigualdades, esta incorporado en el concepto de sostenibilidad como parte de
la preservación del futuro. En las condiciones actuales, la vida urbana no
siempre es así, pues la falta de referentes y de significados compartidos que
cohesionen a los ciudadanos convierten lo urbanizado en áreas especializadas.
Por tanto, la construcción de ciudades sostenibles pasa también por que sean
capaces de regenerar formas urbanas con significados y crea nuevos paradigmas
según las diferentes realidades. Debe ser sostenible como espacio significación,
de expresión de la multiplicidad social; un planeta urbano-ciudadano necesita
encontrar los discursos y las formas mediante las cuales los ciudadanos se
sientan interpretados y representados. Asistimos a la exacerbación del urbanismo
funcionalista y productivista que segrega funciones y clases sociales y promueve
un espacio publico que pasa a ser mero espacio de transito desde donde observar
los anuncios publicitarios que prometen paraísos edulcorados que se desarrollan
en el mas cínico simulacro de los paseos seudo urbanos del interior de los
barrios cerrados, los centros comerciales o las áreas de negocios. En el
recorrido hacia la uniformidad que la globalización pretende se ha debilitado el
espacio publico estructurador urbano, como espacio simbólico, como lugar de la
expresión, del encuentro y del azar, y se ha olvidado que es el elemento del
tejido urbano que tiene mayor capacidad para unir y dar coherencia a una serie
de intervenciones arquitectónicas. La mayoría de los ejemplos de edificios
emblemáticos construidos en la década de 1990 carece de capacidad para ofrecer
un dialogo con la ciudad. Ante la dificultad o la complejidad de situaciones
urbanas, los edificios optan por el hermetismo y la negación o, en las nuevas
áreas, que siguen un patrón ideal, el espacio publico pasa a ser una
estenografía perfecta e idealizada que mantiene alejada a la realidad. |