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Tipología – topografía... y La Arquitectura. La tipología es un
término que se admite tanto en la civilización como en la cultura. En primer
lugar, uno puede citar los edificios de tipo de la ilustración, esto es, la
tipología relativamente abierta que originalmente propago la escuela politécnica
y la escuela de Bellas Artes. Estas eran matrices entramadas racionalmente,
capaces de admitir un amplio rango de programas institucionales, universalmente
aplicables a casi cualquier sitio regular. Opuesto a esto, la tipología recibida
del antagónico movimiento de artes y oficios ( por ejemplo el Revival Gotico )
estaba ostensiblemente enraizada en la historia real o mítica de un lugar en
particular, como antes fue el caso con la casa de campo de Veneto, del siglo
quince, sobre la que Palladio sobrepuso sus paradigmas racionalizados. Si uno
toma en consideración la evolución tipológica y regional de la basílica
cristiana, se puede ver como la modificación en el tiempo de un tipo heredado ha
sido un procedimiento básico en la evolución de casi cualquier edificio. El acto
de construir ha tendido invariablemente de oscilar entre la universalidad de la
civilización y lo enraizado de la cultura. Más aun, los términos arquitectura y
construcción, uno refiriéndose a la instalación y representación del poder y el
otro a la provisión inacabada, ‘’ metabólica’’, de habitación humana, están
divididos por líneas tipológicas comparables con los paradigmas ‘’ clásicos’’
que tienden, a lo largo del tiempo, a servir a las necesidades del poder o con
formas orgánicas que implican un potencial de mayor libertad.
Por otro lado la topografía es obviamente específica del lugar. Es la
configuración de un contexto dado, sea este natural o artificial o una mezcla de
ambos. La oposición entre tipología y tipografía se manifiesta potencialmente en
cualquier nivel, de integración a una nueva intervención dentro de un entorno
existente, a los aspectos ecológicos, climatológicos y simbólicos del resultante
lugar-forma. La transformación dialéctica de un contexto topográfica dado se
suprime cuando se sobre ponen criterios de optimización productiva; como cuando
se aplanan rudamente los desniveles del terreno, en un típico desarrollo urbano
norteamericano o si, si no, cuando el edificio es concebido desde el principio
como un objeto estético o técnicamente auto-suficiente, que se encaja
armónicamente en la tierra. Aparte de las consideraciones estilísticas, una de
las características sorprendentes de la forma vernácula es la manera en la que
se integra tanto la vegetación, como con la ondulada topografía del lugar. |