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La bóveda en el románico.
El espacio de la iglesia románica es, pues, un espacio dinámico cuyas líneas
arquitectónicas y de visión convergen en la cuenca absidial, lugar en donde se
manifiesta el poder de la divinidad. La cubierta de este espacio fue uno de los
principales problemas de los maestros de obras románicos y según las épocas, las
regiones geográficas, |
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el clima de las mismas, los materiales disponibles y la
capacidad económica de las comunidades, recibió soluciones muy diversas. La
cubierta de madera sobre armadura a dos aguas fue sin lugar a dudas la solución
más simple para cerrar la luz de la nave de principal, pero su fácil
combustibilidad la hizo desaconsejable en según que regiones y circunstancias.
Para sustituirla se optó por la bóveda semicilíndrica de piedra (bóveda de cañón
o de medio cañón) reforzado por arcos fajones. Soluciones más simple bajo el
punto de vista constructivo se adoptaron en el cubrimiento de los espacios
cuadrados, como los de los tramos de las naves laterales o los de las criptas,
los de los brazos del transepto etc. En estos se utilizaron, por lo común
bóvedas de arista, es decir, aquellas surgidas de la inserción viva de dos
medios cañones, perpendiculares uno respecto al otro.Para cubrir el crucero, uno
de los lugares más significativos de la iglesia, espacio intersección de la nave
longitudinal con la transversal, se adoptó la cúpula semiesférica, de tradición
romana al igual que la bóveda de cañón y la de aristas, abierta por una linterna
en su cúpula y apoyada sobre pechinas o trompas, elementos que facilitan el
tránsito entre la zona hemiesférica superior y el espacio cuadrado, más
raramente rectangular de la planta.
La solución de las trompas, de tradición oriental, consiste
en un nicho en forma troncocónica que consigue transformar el cuadrado de la
planta en octógono. Las pechinas, también de origen oriental, consisten en
triángulos con la superficie y los lados cóncavos, dos de los cuales se
confunden con los arcos formeros o de sostén de la cúpula, y el tercero con el
círculo de la base misma. En determinadas zonas, especialmente meridionales, en
las que se aúnan la herencia del mundo clásico y la de la tradición oriental,
como ocurre en Lombardía, se hallan soluciones particulares que tienden a
compartimentar o fragmentar las bóvedas mediante molduras o nervaduras que
anteceden al cruzamiento de ojivas gótico. |