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La necesidad de conservar agua y mantener un calor húmedo
determina la construcción de cemento y el uso de formas curvas como el ábside y
la bóveda semiesférica. Estos planteamientos, casi desconocidos en la
arquitectura pública anterior, se extenderán poco a poco de forma imparable; con
el tiempo, conquistara incluso la arquitectura sacra. En la época de Augusto se
cierran los foros mediante ábside o exedra y, aunque abovedado sus naves
divididas en tres como los templos griegos son el resultado de un ambiente muy
peculiar donde se funden la basílica civil, el templo y ciertas salas domésticas
de recepción, y en él hallamos la base de las salas palaciegas y de basílicas
posteriores.
En la arquitectura del siglo I d.C. encontramos en varios
palacios un sistema de abovedamiento hemiesférico sobre una habitación con lados
rectos, esta solución la encontraremos en la domus aurea que Nerón construyo en
Roma tras convertir en finca particular un barrio destruido por el incendio del
año 64. Esta forma de abovedamiento hemiesférico sobre una habitación con lados
rectos será totalmente novedosa, sin embargo, sus arquitectos no dieron con
soluciones geométricas, como serían las trompas y las pechinas, y por tanto no
llegaron a inventar la cúpula, sino que diluyeron el problema forzando la
plasticidad del cemento. Tendrán que pasar varios años hasta que en la era de
los Antoninos y de los Severos lleguemos a la construcción de la gran bóveda del
panteón, lo más impresionante de este “Templo a todos los dioses” es la
grandiosidad de su bóveda, la de diámetro mayor entre las realizadas hasta el
siglo XIX. Tal hazaña técnica dio lugar incluso a leyendas medievales, como la
que decía que se amontono tierra hasta hacer un gran túmulo, se cubrió con
cemento y después se volvió a retirar, quedando así en pie el edificio.
En realidad, la construcción fue muy compleja, pues se hizo
por estratos superpuestos. En la parte baja, la impresión de un muro cilíndrico
homogéneo, con 7,30 metros de anchura, es engañosa: la necesidad de crear
capillas internas para colocar las estatuas de culto obligó a construir con
ladrillos una serie de arcos de descarga; en consecuencia, todo el peso gravita
sobre ocho gruesos pilares de cemento, con bloques de travertino y toba
incluidos en la masa.A partir de cierto nivel, el arquitecto fue quitando, poco
a poco, densidad al cemento; sustituyo progresivamente los bloques de piedra por
fragmentos de ladrillos y, finalmente, por escorias volcánicas (piedra pómez).
Lo único que aún no se le ocurrió fue un expediente que más tarde se difundiría:
el de introducir en la cal vasijas de terracota vacías. Además, las vigas y
casetones en relieve ordenados por toda la bóveda sirvieron como nervios para
fortalecer la estructura hasta el óculo central. Será esta una bóveda que siente
cátedra en la historia del arte. |