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Se insiste en la elaboración de catálogos e inventarios y en
la elaboración de textos legales de protección y salvaguardia; se destaca
asimismo la idea de uso, adaptación, reanimación y revitalización de monumentos
y conjuntos urbanos; se muestra gran preocupación por resolver los problemas
derivados del tráfico de vehículos y la contaminación ambiental, la protección
de paisajes en sitios de belleza natural; y se percibe inquietud sobre el
turismo cultural y el turismo de masas. Se ha puesto gran interés en la
preparación de técnicos y especialistas calificados. Todo ello, en resumen, se
agrupa y se dirige hacia dos conceptos básicos: la defensa del ambiente humano,
y la del valor de los elementos que lo conforman, los bienes culturales. Para
nosotros, la arquitectura y el urbanismo serán la traducción formal del marco
ambiental en el contexto cultural. Según Villagrán, “la cultura es un ambiente
edificado”, y los arquitectos intervenimos en la conformación , conservación o
alteración de ese ambiente edificado. Si queremos hacer
realmente conservación mas que restauración, nuestra acción debe ser básicamente
preventiva, dirigiéndonos al estudio profundo de las causas de deterioro de
nuestro patrimonio cultural, para encontrar y aplicar las soluciones mas
adecuadas. El patrimonio natural y los bienes producidos por la cultura, como
los objetos, edificios y conjuntos urbanos históricos, constituyen bienes de
capital y recursos insustituibles, no renovables, que no podemos concebir como
objetos suntuarios, de consumo o de especulación. Conservación de monumentos y
zonas monumentales. (Enviado por el
colaborador: Juan Moreno Acosta, Autor:
Salvador Berrio, Fuente
oficial: Libros de consulta personal...) |