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La realidad es que en sus obras, Viollet-le-Duc no pretendió
dar a un monumento el aspecto que jamás tuvo, sino que trata de consolidarlas. A
quienes podría inculparse es mas bien a sus seguidores, y principalmente fuera
de Francia, que al intentar de hacer lo mismo inventaban elementos que
“pudieron” haber estado. Esta corriente prosigue desgraciadamente hasta la fecha
y adquiere un gran auge en Rusia, Alemania, España e Italia. Actualmente
desechamos un planteamiento así. Cuando una obra se destruye totalmente, o
cuando en el momento histórico en que se inicia la obra original(aun existiendo
un proyecto), no se llega a concluir por circunstancias que se dan en ese
momento, no es admisible tratar de construir, siglos después, con formas y
estilo de aquel momento, lo que no fue posible materializar entonces. En el afán
de devolver a un monumento su hipotético “estado original” lleva a inventar una
serie de formas que no solo carecerán de autenticidad, sino que además traerán
consigo la destrucción de elementos ulteriores de tanta validez como los
primitivos. La lectura cita como ejemplo nacional Palenque, aunque me parece que
nosotros tenemos mas cerca Ux,mal, Chichén Itzá o los vestigios encontrados en
la mancha urbana del municipio de Mérida, que han sido restaurados, y en el caso
de los dos primeros, existen documentos muy antiguos que demuestran la forma
original del edificio, y en base a eso se restauraron, pero en cuanto a los
últimos no existen muchos documentos que nos ayuden a saber cómo eran estos
lugares, y se hace una hipótesis en base a la cual se reconstruyen.
Ruskin. Representa la postura antagónica
frente a Viollet-le-Duc. También hay algunas frases famosas en cuanto a su
teoría: “dejar que los edificios mueran dignamente”, “no tocar sus piedras sino
esparcir sus restos”, “la restauración es un engaño y un daño menor que la ruina
del edificio”, “no tenemos derechos sobre ellos”, etc. En los escritos de mayor
actualidad que abordan el mismo tema, se mantienen los principios básicos sobre
el respeto a la obra del pasado, sin tomar la teoría de Ruskin tan radical. (Enviado por el
colaborador: Juan Moreno Acosta, Autor:
Salvador Berrio, Fuente
oficial: Libros de consulta personal...) |