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En Egipto, 4.000 a. de J.C. se pueden apreciar lujosos muebles de madera
(acacia, sicómoro, cedro) con incrustaciones de ébano y marfil, tapizados con
ricas telas y decorados con colores llamativos. Son típicas las tallas que
representan a los prisioneros como apoyo de mesas y de tronos. El mobiliario
asirio y babilónico era de formas parecidas pero más bastos. Los griegos al
igual que su arquitectura poseían muebles más delicados, sencillos, que se
fabricaban principalmente de madera (olivo, ciprés y roble) sus piezas más
importante son las de bronce. Desde el 300 a. de J.C. se puede apreciar la
ostentación de los romanos, acentuaron la tendencia enriqueciendo con oro y
plata el mármol tallado de mesas y con marfil los muebles de madera. Con la
caída del imperio y la llegada del feudalismo, el mobiliario romano se dividió
en dos: el estilo clásico y el bizantino, que es un románico embellecido con
tallas, incrustaciones y mosaicos. Entre los pocos ejemplos que quedan de
aquella época podemos destacar la cátedra de San Pedro, la silla de Maximiliano,
pero de los manuscritos encontrados podemos adivinar que entre los siglos V y
XII el mobiliario era macizo y muy pesado, adornado con esmaltes y marfil. Los
países nórdicos (imperio carolingio) se decantaron por el roble tallado. Por
ésta época aparecieron los pesados arcones de roble, entre los que destaca el de
San Millán de la Cogolla, de 1.033 que durante algunos siglos sería pieza
indispensable del mobiliario. Los muebles se dejaron influir por la arquitectura
y su característica más general eran los pliegues y trebolados de origen
flamenco, así como por los motivos religiosos. Los castillos y catedrales
estaban llenos de muebles de madera que parecían obras arquitectónicas en
miniatura, como las sillas de Burgos o Zamora. El estilo gótico invadió toda
Europa, excepto Italia, que continuó su tradición para dar paso en el siglo XV
al estilo renacentista, que era una vuelta al clasicismo, que al mezclarse con
distintos estilos nacionales dio paso a formas peculiares en cada país. Los
muebles del primer período renacentista eran sencillos, decorados con molduras o
paneles, tallas y pinturas. El arcón se transformó en el cabinet francés, del
que deriva el "bargueño" español. En el segundo período del renacentismo los
muebles se ajustaban al ambiente palaciego que imperaba en aquellos momentos. La
influencia italiana se vio claramente en Francia en el reinado de Francisco I y
en España, donde el afán por el lujo llenó los palacios de muebles que eran
verdaderas joyas. En Inglaterra se adhirió con la influencia flamenca, que dio
paso al estilo jacobino, que, aunque mantenía cierta similitud con la época
Tudor, la adornó con tapizados y esculpidos. Del estilo jacobino lo más
destacable fue el court cupboard y el canapé de cabecera adaptable, antecesores
del aparador y la chaise-longe.
En los últimos años del renacentismo la complicación del diseño y la cargante
decoración fueron los desencadenantes del declive del estilo. De ésta forma,
Francia, que creó su propio estilo nacional con la grandeza de los muebles "Luis
XIV", típicos por su belleza de trabajos de taraceados, se vio arrastrada al
borde de la cursilería por sus excesivas curvas y adornos que abrieron las
puertas al estilo rococó de la época de "Luis XV". Afortunadamente, la tendencia
por lo clásico dio lugar al estilo " Luis XVI", en el que la simetría de las
formas, la decoración moderada y la pureza del detalle, lograron la máxima
perfección alcanzada en el mundo del mobiliario. Tras la caída de la monarquía,
fue desplazado por el estilo Napoleón I. Los muebles de ésta época tienen cierta
dignidad imperial, pero resultan rígidos, pesados y demasiado incómodos.
Mientras, en Inglaterra, la caoba desplazaba al nogal, y se apreciaba la
influencia francesa. A mediados del siglo XVIII abundaba en el país el estilo
chippendale, del que destacan las sillas con respaldo calado y decorado con
volutas que dejan ver la inspiración barroca. La influencia de los países
colonizadores llevó hasta las Américas los estilos europeos. En México se aplicó
la talla en madera a muebles en cuya decoración se combinaba el estilo español
con el de los pintores indígenas; los diseños se inspiraban en el estilo
renacentista, que también proliferó en Perú, especialmente en la costa, mientras
que el Alto Perú se decidió por el estilo churrigueresco. En general, las tallas
hispanoamericanas alcanzaron un alto grado de perfección, como puede verse en
los bellos retablos de los conventos quiteños, en los policromados cofres y
mesas guatemaltecos y hasta en los artesanados colombianos de estilo mudéjar.
Entre los siglos XVIII y XIX la artesanía del mobiliario fue decayendo en
Europa. La revolución industrial aplicada al mobiliario, sólo nos dejó una serie
de piezas ramplosas al tener la necesidad de un estilo sencillo que pudiera
realizarse a máquina. Esto dio paso a principios del siglo XX a dos tendencias:
la restauración de formas antiguas de madera nueva y la necesidad de adaptación
a la nueva construcción, sin adornos superfluos. éste último estilo está
inspirado en la arquitectura funcional y se caracteriza por la sencillez de
diseño, superficies planas y espaciosas, solidez estructural, etc. El estilo
moderno todavía no ha encontrado su pleno desarrollo, porque constantemente
aparecen nuevos materiales que afectan al diseño, pero que se adapta al edificio
contemporáneo. Es muy curioso que la evolución final del mobiliario haya llegado
al punto de sencillez y funcionalidad del que partieron los artesanos
prehistóricos. (Enviado por
el colaborador: JOSENISMER LLUBERES SOTO &
MELVIN RICARDO PIÑA, Rep. Dom.
Fuente oficial: Libros de consulta personal...) |