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Durante los asedios, los enemigos destruían los acueductos o
envenenaban el agua, por eso se vieron obligados a depositar el agua potable en
estas cisternas y, de este modo, utilizarla en caso de necesidad. La cisterna de Yerebatan,
construida en el año 532 en pocos meses, era el lugar en donde
depositaban el agua traída a través del acueducto de Valente.
Fue utilizada hasta el siglo XIV y restaurada a mediados del
siglo XIX, ya que durante mucho tiempo en la época otomana no
fue utilizada. Para su construcción se utilizaron diferentes
tipos de columnas romanas de distintas épocas. Consta de 336
columnas repartidas en 12 hileras de 28 y situadas a 4 metros
unas de otras y nos recuerda a un bosque de columnas. Ocupa un
área de 10.000 m2, tiene 8 m de altura y aproximadamente su
capacidad es de unos 80.000 m3. Tras las restauraciones
realizadas el año 1987 se reabrió para el turismo. Hoy en día se
puede llegar hasta al final de la cisterna que antes sólo se
visitaba en barquitas. La música clásica y el espectáculo de luz
completan su atmósfera mística. En el ángulo izquierdo de la
cisterna, se descubrieron dos columnas cuyas bases esculpidas
con óvolos clásicos reposan sobre dos extrañas cabezas de
Medusa. |