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Para Leonardo, el blanco no era color sino potencia receptiva
de todo color, además defiende que la pintura es la madre de las líneas
visuales. Dentro de su legado existen dos teorías: una sobre la perspectiva,
basada en las dimensiones del cuerpo humano y otra sobre el arte de aplicar
colores llamada Tratado de la pintura, donde afirma que el que huye de las
sombras huye de la gloria del arte de los espíritus nobles. Otro grande que se
une a da Vinci es Rafael, quien deslumbraría con sus perfecciones de la pintura
religiosa, ocupando el color en su pura expresión, sobre todo al aplicar la
delicadeza de sus tonos suaves producidos por muchos mejor que la gracia divina.
El siglo XVII fue para muchos el siglo de la luz para los estudios de óptica,
pero el de la oscuridad para el color, esto debido a que mientras Newton
revelaba la verdad sobre el color, la ropa de nobles y aristócratas europeos se
teñía de negro, principalmente los protestantes de Países Bajos. Así fue como el
tenebrismo se extendió desde Roma hacia toda Europa gracias a Caravaggio.
Contemporáneo del renacimiento aparece Petrus Pablus Rubens, un apasionado de la
vida, la luz y el color. Una vez independizado de sus orígenes, Rubens
evoluciona de colores profundos y sombríos hacia las claridades, según
historiadores este cambio se produjo cuando abandonó Holanda y se convierte en
católico al emigrar hacia Roma.
Cabe destacar la notable expresión en diferentes estilos a
tres españoles: Diego Velázquez, Doménicus El Greco y Francisco Goya. El primero
es la luz engendradora de color, concepto que queda de manifiesto en su obra
“Las meninas” , reflejo innato de la variedad de luces que diferencian las
imágenes por su color. Sobre el acento barroco hace que cada cosa, cada ser
tenga su valor pictórico. El Greco, de origen griego, pero formado bajo
tradiciones españolas supo reflejar la disonancia de la vida moderna,
anticipándose a ella. Con su melancolía y retraimiento característico daba el
místico tono a su pintura. Su dialéctica pasa del dominio dramático al lirismo
pictórico. Francisco Goya, es quien utiliza la vitalidad y frescura de los
colores luminosos para expresar el sentimiento nacional de su arte. A él
pertenece la llamada Pintura Negra que se refleja especialmente en la “Quinta
del sordo”, la cual para muchos significa el duelo del pintor mientras que para
otros, su protesta contra los males de la sociedad. En cuanto a pintura moderna
es indiscutible hablar de Eugene Delacroix, no tanto por su colorido sino por su
individualismo y espíritu de libertad. Su pintura, poética y romántica, logra
dominar el color de la sombra y hace de ella uno de sus grandes encantos. La
segunda revolución del color se produjo a mediados del siglo XIX con los
primeros pintores impresionistas franceses. Al impresionismo le influye, entre
otras, el genial Esbozo de una teoría de los colores de Goethe, que reivindica
el color desde el lenguaje simbólico, revelador subjetivo de los misterios
humanos, enemigo del dogma y de la especulación sinestésica. Esto es, más allá
de la rigidez de las técnicas y del simplismo literal de la luz y de la sombra,
en la línea flexible de un arte salido de la inspiración genial y del
conocimiento científico. Siendo tan amplio y trascendente, el impresionismo toma
su nombre de la pintura “Impresión: amanecer” que Claude Monet presenta en
París en 1876. Trata de una escuela que privilegia el color sobre el dibujo y
evita toda oscuridad que sugiere el negro, por eso su gran lema “el negro no
existe”. Atras... |