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marítimo, entonces deben
excavarse los cimientos de las torres y murallas, de
modo que se ahonde en tierra firme, si se puede
encontrar, y con una profundidad que guarde relación
con la magnitud de la construcción, siempre de un
modo razonable; su grosor será más ancho que el de
las paredes que se vayan a levantar sobre tierra y
la cavidad que quede se rellenara con un compuesto
lo más sólido y consistente posible. Igualmente, las
torres deben elevarse por encima de los muros, con
el fin de que desde las torres, a derecha y a
izquierda, los enemigos puedan ser heridos desde
ambos lados con armas arrojadizas, cuando intenten
acercarse violentamente a la muralla. Sobre todo,
debe ponerse la máxima precaución en que el acceso
para asaltar el muro sea difícil; se ha de pensar la
manera de rodear el perímetro con precipicios de
forma que los corredores hacia los portalones no
sean directos, sino orientados hacia la izquierda.
Si se realizan de este modo, el lado derecho de
quienes se acerquen, al no estar protegido por el
escudo, quedará al descubierto. Las fortalezas no
deben tener forma rectangular, ni tampoco ángulos
salientes, sino que su forma será circular, con el
fin de observar al enemigo desde distintos puntos.
Las torres construidas con ángulos salientes son
difíciles de defender, pues tales ángulos protegen
más y mejor al enemigo que al habitante de la
fortaleza.
En mi opinión, el grosor de la muralla
debe alcanzar tal anchura que al encontrarse hombres
armados, por la parte superior, puedan adelantarse
unos a otros sin ninguna dificultad. Se colocarán
numerosos tablones alargados de madera de olivo
endurecidos al fuego, de manera que ambos frentes de
la muralla queden unidos por estos tablones entre si,
como si fuera con unas grapas, logrando una
consistencia muy resistente. Se trata de una clase
de madera que no se daña ni por la carcoma, ni por
el mal tiempo, ni por el paso de los años, sino que
se mantiene en pleno vigor larguísimos años sin ninguna clase de defecto,
aunque la enterremos o incluso la sumerjamos en agua. Así pues, tanto la muralla
como los cimientos y - todas las paredes que se vayan a levantar, tendrán la
anchura del muro y, unidas de esta forma, no se estropearán ni corromperán
durante mucho tiempo. Las distancias entre las torres deben establecerse
teniendo en cuenta que no estén tan alejadas una de otra que no puedan
alcanzarse por una flecha, con el fin de que si una torre es atacada, sea
posible rechazar a los enemigos desde las otras torres, que quedan a derecha e
izquierda, mediante escorpiones u otra clase de armas arrojadizas. Frente a la
parte más interior de las torres, deben abrirse en el muro unos espacios a
intervalos, que sean equivalentes a la anchura de las torres, de modo que los
accesos, entre las partes interiores de las torres, queden enlazados con
planchas de madera y no de hierro. Así, si el enemigo se apoderara de alguna
parte de la muralla, los defensores cortarán la madera y, si lo hacen
rápidamente, impedirán que el enemigo penetre en las otras partes de las torres
y de la muralla, salvo que éste decida lanzarse al precipicio.
Las torres deben ser redondas o poligonales, pues si son
cuadradas las máquinas de guerra las destruyen con toda facilidad, ya que los
arietes rompen sus ángulos con sus golpes; pero si son circulares, con piedras
en forma de cuña, aunque golpeen su parte central no pueden dañarlas. Las
fortificaciones del muro y de las torres resultan mucho más seguras y eficientes
si las amplificamos con toda suerte de materiales, de tierra de relleno, pues ni
los arietes, ni las minas, ni las máquinas de guerra son capaces de dañarlas. No
debe utilizarse tierra de relleno en cualquier lugar, sino únicamente en lugares
que estén dominados por algún montículo por el exterior desde donde, con toda
facilidad, hubiera acceso para atacar las murallas. En tales lugares deben
cavarse unas fosas que tengan la mayor anchura y profundidad posible;
posteriormente se excavarán los cimientos de la muralla dentro de la cavidad de
la fosa, con una anchura suficiente para soportar sin dificultad toda la presión
de la tierra. |