|
¿Y
qué ha pasado con la extracción de agregados?. En una época no tan
lejana, la extracción de agregados fue la frontera de los conflictos más
enconados entre el movimiento ambientalista y las empresas mineras no metálicas,
específicamente aquellas empresas dedicadas a la extracción de agregados
directamente de los cauces de ríos. Los ríos más afectados fueron en San
Cristóbal el Yubazo, el Nigua y el Nizao, mientras que también fueron ocupados
para explotación de agregados los ríos Chavón, en la Romana; Yuna, en Bonao;
Amina, en Santiago Rodríguez; Manoguayabo, en Santo Domingo; Haina, en Villa
Altagracia, y otras ocupaciones dispersas por diferentes ríos del país. En
términos generales, los conflictos se originaron más por una situación de falta
de ordenamiento territorial que por una necesidad económica o de materiales de
construcción. Sin embargo, las empresas defendían como una “necesidad del
progreso” este tipo de explotación de agregados. Otros conflictos relacionados
con los agregados se presentaban en otras localidades de explotación no
metálica, como la explotación de calizas, por ejemplo, cuyas canteras
proliferaron enormemente a partir de mediados de los años 70, poniendo en riesgo
cuevas de gran importancia cultural indígena, como son las Cuevas del Pomier, en
San Cristóbal. Sin embargo, los impactos ambientales se hacían más evidentes en
las extracciones de los cauces fluviales debido al triste espectáculo que
ofrecen dragas y camiones metidos en el río destrozando el cauce, aparte del
impacto en la vegetación del entorno.
Aunque la Ley Ambiental (64-00) “declara de alto interés nacional el diseño,
formulación y ejecución del plan nacional de ordenamiento del territorio que
incorpore las variables ambientales”; y aunque especifica que “El ordenamiento
del territorio, nacional, provincial o municipal, según sea el caso, tendrá como
objetivos principales la protección de sus recursos, la disminución de su
vulnerabilidad, la reversión de las pérdidas recurrentes por uso inadecuado del
medio ambiente y los recursos naturales y alcanzar la máxima armonía posible en
las interrelaciones de la sociedad con la naturaleza,” todavía no se llega a un
acuerdo nacional para que esta necesidad tome forma de instrumento y se aplique.
En esa situación tenemos un país con actividades económicas riñendo día por día
con el ambiente, con la estabilidad de los suelos, con el equilibrio de los
ríos, con las funciones de los manglares, con la permanencia cultural aborigen,
con la ecología de las costas, con la fauna del bosque (y con el bosque mismo),
con nuestros diversos endemismos y, en consecuencia, riñendo con el futuro de la
población humana que lo ocupa. Aprovechando una exposición del ingeniero Osiris
de León realizada en Bogotá, Colombia, sobre el tema del ordenamiento
territorial, puntualizaremos algunos aspectos de esa situación de nuestros
recursos naturales en relación con esa necesidad.
Los conflictos para el ordenamiento territorial. Aunque el tema es abordado
por el ingeniero de León específicamente enfocando el tema minero, sus
planteamientos se aplican prácticamente a todos los usos de recursos en la
República Dominicana. Una de esas situaciones es la ocupación de suelos con
cualidades agrícolas para el desarrollo de proyectos de viviendas o para ser
utilizados en la construcción de complejos industriales o turísticos. Esta
ocupación disminuye de inmediato la capacidad productiva de alimentos, aunque en
ese momento no esté en producción, pero es necesario tomar en cuenta que todas
las poblaciones humanas van en crecimiento, demandando por lo tanto un aumento
en su capacidad de producción alimenticia. Los asentamientos humanos
-planificados o no- en zonas vulnerables; tales como zonas de inundaciones, de
deslizamientos o con debilidades frente a terremotos, son parte de esa falta de
ordenamiento territorial. Las zonas vulnerables no lo son solamente por la
posibilidad de riesgo de vidas. Lo son también porque vulneran el desarrollo
natural de zonas como lagunas, lagos, ciénagas y otros humedales de agua dulce
donde crecen determinadas especies de fauna. La agricultura, en otros aspectos,
“muchas veces han sido desarrolladas en zonas de muy altas pendientes
facilitando -indica Osiris de León- la erosión de los suelos, la eliminación del
bosque y la contaminación de las cabeceras de ríos y arroyos”. “Lo
paradójico de todo esto -sigue diciendo de León- es que muchos núcleos urbanos
han sido desarrollados en valles fértiles cubiertos por los mejores suelos
agrícolas, reduciendo así la capacidad de producción de alimentos para el
futuro”. Naturalmente, todo esto causa serios conflictos sociales cuyo manejo se
va al parcelamiento político y se aleja enormemente del ordenamiento necesario.
Entre los daños provocados por las extracciones de agregados de ríos están la
sobreexplotación del cauce, de las márgenes y de las terrazas del río. Las
excavaciones dispersas en forma de fosos profundos que al estar bajo el nivel
freático quedan convertidas en grandes lagunas. Las empresas extractoras de
agregados han construido grandes y profundas fosas aisladas, de 400m X 900m de
longitud y de 10 a 14 metros de profundidad, fosas que hoy día son llamadas
“lagunas ambientales para crianza de peces”, las cuales son presentadas ante la
opinión pública como un exitoso modelo aplicado en el río Po, de Italia.
Conforme a datos suministrados por el INRHI la recarga media anual en la zona
del río Nizao es del orden de los 1725mm/m2, mientras la evaporación anual es
del orden de 1920mm/m2, lo que pone en peligro el futuro del agua de la zona.
Algunos ecologistas sostenemos que conservar determinados sitios que quieren ser
“turistizados” resulta más ventajoso económicamente, pero a la fecha ha habido
resistencia a un evento que analice esos aspectos de la conservación.
¿Cómo debe enfrentarse y programarse el uso de suelos?. “Los suelos
orgánicos y ricos en nutrientes deben ser utilizados para producción de
alimentos. Los suelos de altas pendientes deben ser utilizados para repoblación
y protección forestal. Los suelos de llanuras estériles deben ser utilizados
para el desarrollo urbano e industrial”. (De León, 2006) No obstante, bajo la
definición de “llanuras estériles” pueden haber grandes extensiones de agregados
que pueden también ser la solución de varias décadas de construcción pública y
privada. Por lo tanto, el ordenamiento necesita primeramente de manejo técnico
que pueda determinar si algunos suelos estériles son en realidad zonas
potencialmente mineras. Un aspecto importante del ordenamiento territorial en
relación con el uso de determinadas áreas de proyección turística es el uso de
las zonas de playa. En su exposición, Osiris de León opina que “las franjas de
playas deben ser utilizadas para el aprovechamiento turístico sin menoscabo de
los recursos naturales”. Cierto, pero el problema es que los proyectos
turísticos no ven las zonas de playas como lugares de uso turístico, sino de
construcción turística, lo que crea entonces serios problemas relacionados con
la necesidad de conservación de áreas naturales de gran importancia para la
preservación de la biodiversidad. Otras zonas que entran por necesidad en el
ordenamiento territorial son los nacimientos de ríos y cabeceras de cuencas
hidrográficas, las que deben ser protegidas como fuentes de agua.
Ordenando los recursos mineros. El recurso minero más utilizado ha sido
hasta ahora el agregado de río. Este quedó también dentro del mandato de
ordenamiento territorial de la ley 64-00. Sólo que este mandato ordenaba la
preparación del plan de ordenamiento en un plazo no mayor de 3 años, pero ese
plazo venció hace tres años ya, y no llegó a realizarse el plan. Actualmente, el
ordenamiento territorial minero “es hoy día una de las prioridades del programa
de ciencia y tecnología para el desarrollo en Iberoamérica - CYTED, habiéndose
creado una red exclusiva para contribuir a que los países de Iberoamérica
desarrollen una minería ambientalmente sustentable y conceptualmente distante de
la minería del pasado, la cual contaminaba las aguas, contaminaba el aire y
degradaba los suelos”, dice Osiris de León. Sin embargo -y seguimos citando al
ingeniero de León- “ordenar en poco tiempo una sociedad que ha crecido al margen
de todo ordenamiento es tarea muy difícil, porque los diferentes actores se
niegan a cambiar formas y estilos de trabajo que han heredado de la vieja
sociedad”, y esto, en los mineros no metálicos ha sido su principal arma de
defensa ante el recurso que explotan. “El principal conflicto para el
ordenamiento territorial minero en la Rep. Dominicana ha sido el problema de las
extracciones de agregados de ríos, ya que esta actividad ha provocado graves
daños a los cauces, las márgenes y las aguas de los principales ríos del país”.
Y esto está a ojos vista, pero las amenazas de inestabilidad política, caos
económico y caos social regional esgrimidas por los empresarios de agregados,
por lo regular ponen contra la pared cualquier intento de ordenar el territorio.
POR: DOMINGO ABREU COLLADO. |