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Antropologia del territorio.
La antropología es la ciencia que se dedica al estudio del hombre desde los
aspectos físicos sociales y culturales y dado que uno de los problemas
fundamentales en el estudio de las relaciones socioculturales de las personas es
la territorialidad, en las líneas que prosiguen voy a intentar explicar el
concepto del territorio desde el punto de vista de la
antropología, dando así una idea de territorio
más cercana al hombre como tal y más alejada de cuestiones políticas, económicas
o de cualquier otro tipo. Aunque ello no implica que la antropología deseche
este tipo de cuestiones, sino que veremos en que medida pueden llegar a ser
importantes. Siguiendo esta línea introductoria, me gustaría establecer una
serie de ideas relacionadas con lo que nos acontece para así tener formada una
pequeña base de lo que será una concepción global.
En primer lugar diremos que el territorio viene a ser el sustrato espacial sobre
el que el ser humano es capaz de relacionarse. De aquí es importante aclarar que
el sustrato al que nos referimos tiene una seria de condiciones físicas, pero
que como tales no atan al ser humano a ningún modo de vida específico, sino que
el ser humano regido en un patrón cultural basado en la experiencia del espacio
es capaz de vivir de manera que los condicionantes físicos como pueden ser el
frío, la humedad, el tipo de suelo...sean eso, nada más que condicionantes.
Quiero suponer que cuando me he referido a patrón cultural todo el mundo habrá
obviado que no existe tan solo un patrón cultural sobre la superficie terrestre,
sino que hay un número suficiente (que no me atrevo a aproximar) para que se de
una diversidad cultural apreciable. Y ello es un aspecto que nos interesa porque
cada cultura, a menudo regida por valores diferentes, tiene una concepción del
mundo diferente. Es decir, a parte de las limitaciones o condicionantes
sensoriales que tiene el hombre y de los que ya hablaremos más adelante, la
percepción del mundo de dos individuos de diferentes culturas es diferente. Por
ejemplo, en cuanto a la alimentación ya hay una diferencia considerable de unas
culturas a otras. Judíos, musulmanes... tienen alimentos prohibidos, pero
también mientras en Japón se come el pescado frito en España no se tiene es
costumbre.
Otro aspecto es que vamos a estudiar el territorio en relación a una comunidad
de personas y no desde el punto de vista del hombre como individuo aislado. De
hecho nos interesa el fenómeno por el cual el hombre tiende a agruparse en
diferentes niveles (familia, sociedades, amigos, estado...) para sobrevivir. Y
digo esto porque de la experiencia del grupo es de donde se va formando la
cultura de una comunidad. Dentro de este aspecto de la comunidad es interesante
como con la evolución se han establecido asentamientos de personas por la
necesidad de espacios propicios que permitan la vida. Ello a menudo a conducido
a disputas de espacios ente especies (aunque no me gusta referirme a especies
dado que entre individuos de la misma especie también se dan este tipo de
disputas. Ej: el hombre) incompatibles por el dominio de espacios privilegiados,
surgiendo así la noción, la cual pierde hoy en día algo de sentido, pues ya no
se da una rivalidad tan descarada sino que en el caso del hombre que es el que
nos interesa se puede hablar de incursiones culturales de unas culturas sobre
otras. Con esto, también estamos dando a entender que el hombre sufre una
evolución continua en el sentido de cambio y no de progreso (), pero esta
evolución parece ir demasiado deprisa, lo cual provoca un problema semántico no
fácil de resolver, llegando así a tener que diferenciar el concepto político, el
geográfico y el antropológico entre otros. Yo creo que pudo haber algún momento
en que alguno de estos conceptos si coincidiese, pero desde el momento en que el
ser humano ha ocupado prácticamente la globalidad de la superficie terrestre, y
a desarrollado las comunicaciones de tal modo, es imposible pensar en una
incomunicación intercultural total, superponiéndose así unos territorios sobre
otros desde el punto de vista antropológico.
Como decíamos al principio, vamos a atender a la concepción antropológica del
territorio, que se basa inicialmente en el estudio de la diversidad de
territorios a través del estudio de las técnicas del campo. Y si de este modo se
descubre como el uso del espacio tiene una razón de ser, es decir, que el
espacio ha sido utilizado o transformado por alguna razón meditada, se podrá
intentar deducir hasta que punto pueden llegar a tener influencia las
condiciones físicas y hasta que punto es la cultura la que toma mayor peso en
las decisiones del hombre. Una vez dicho esto e introducido en el tema,
avanzaremos ahora hacia un concepto de territorialidad humana. Para seguir
avanzando es necesario precisar el concepto de espacio. Así, nos vamos a referir
con espacio a todo el espacio que constituye territorio, lo cual va a implicar
un tratamiento sociocultural del espacio territorial.
De esta concepción de espacio, ya se va a desprender nuestro primer intento de
definir el territorio como un espacio socializado y culturizado.
Consecuentemente, podríamos entender por territorio cualquier forma espacial con
un significado social o cultural, como podrían serlo una casa, un ayuntamiento,
una iglesia... Sin embargo, esta definición puede llevar a cierta confusión,
dado que como nos cuenta José Luis García, un objeto ritual, tiene ese
significado sociocultural y ocupa un espacio, y sin embargo no lo consideramos
un territorio. Esta visión, creo que también se puede aplicar a los edificios
citados, puesto que no son los muros el territorio sino el espacio creado por
ellos, creando un ámbito bien pueda ser religioso, público, privado...De esta
misma manera, el objeto ritual también crearía un territorio si entendemos que
creo un ámbito sagrado a su alrededor.
Dado que necesitamos una matización de nuestra definición se propone la
siguiente: “el territorio es un espacio socializado y culturizado, de tal manera
que su significado sociocultural incide en el campo semántico de la espacialidad”.
En este aspecto habría que tener cuidado de que el significado espacial es real
y no aparente. Es decir, un aumento de tamaño por ejemplo debe incidir en el
ámbito creado por el objeto o ser verdaderamente una referencia de medida o de
distancia y no simplemente una forma de hablar.
De esta manera, vamos a empezar a relacionar la idea de territorialidad con la
de dominio o defensa de un espacio, ligada a la idea de exclusividad. Esta idea
de exclusividad que el autor clasifica como positiva o negativa, viene a decir
que es positiva en tanto en cuanto un grupo social, tiene el derecho o más bien
yo diría la capacidad de posesión. Digo capacidad porque lo de los derechos es
algo un tanto relativo, porque entonces debería estar todo un poco mejor
repartido. Como consecuencia de esta exclusividad positiva, surge la negativa,
es decir, si un grupo es capaz de hacerse con el domino de un espacio, ello
implica que otro grupo semejante ya no se puede hacer con el domino de ese mismo
espacio. Sin embargo, es frecuente encontrar que dentro de la territorialidad de
exclusividad positiva, los espacios territoriales de las distintas entidades
formadoras de un grupo no coincidan en sus límites. Pues puede haber cristianos
y musulmanes viviendo en un mismo espacio. Esta mezcla de culturas (que no
tienen por que estar vinculadas necesariamente a la religión puesto, que creo
que podríamos hablar de una cultura europea, occidental, oriental...), supone
que tal y como vamos dando la definición de territorio, éstos no queden
claramente diferenciados. Así el autor propone que el territorio humano se pueda
definir como un espacio socializado y culturizado, de tal manera que su
significado sociocultural incide en el campo semántico de la espacialidad y que
tiene, en relación con cualquiera de las unidades constitutivas del grupo social
propio o ajeno, un sentido de exclusividad, positiva o negativa.
A esta definición que considero definitiva, me gustaría presentarle una objeción
quizá un tanto filosófica. Y es que aunque se matice con la exclusividad, la
idea de dominio que ejerce un grupo humano, incluso cogiendo todos los grupos
humanos del planeta, sigue presente. Y yo me pregunto que es el dominio y si
entonces verdaderamente ocupamos un territorio. Porque a mi me gustaría entender
que cuando ocupamos un territorio, es porque nos es útil de alguna, sin embargo
si cuando lo ocupamos somos incapaces de mantenerle esa utilidad, entonces no
creo que estemos dominando sino sometiendo, pero si por mucho que sometamos, si
las cosas no funcionan, te quedas sin tener que someter. Y con ello también
quiero decir que el dominio como defensa, sería insuficiente, pues creo que para
que verdaderamente considerásemos un espacio como territorio deberíamos
dominarlo en el sentido de que somos capaces de “hacerlo funcionar”, y más aun
ahora que con tanto intercambio cultural uno ya no sabe a “dónde” corresponde.
Dejando esta reflexión a parte, que se puede compartir o no, vamos a seguir
considerando la definición del autor, y establecer lo que llamamos territorio
humano como una estructura.
Pues bien, una vez claro el concepto de territorialidad humana, pasaremos a
analizara algunas de las condiciones infraestructurales de la territorialidad
humana. Estas condiciones infraestructurales, deben entenderse como
disposiciones generales, desde las que debe entenderse la dimensión territorial
del hombre, pero que no van a determinar nuestra forma de entender el territorio
sino que nos van a marcar unas condiciones de partida que se concretizarán en el
hombre culturizado, y como consecuencia de la diversidad cultural existente (de
la que ya hemos hablado), el hombre, cada hombre, podrá entender el territorio
(su territorio y el de los demás) desde un punto de vista diferente, con
diferentes perspectivas y valorando unos aspectos u otros. Colaborado por
Pedro Samuel Alamo. Autor original: Alberto
Zamora Gonzales. [ Equipo
arquitectura y construcción de
ARQHYS.com ].
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