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Ese esfuerzo de creación es la respuesta a un impulso económico dentro del cual
se van a posibilitar las inversiones en arquitectura, con un enfoque divergente
del movimiento moderno y que va a iniciarse con el estilo internacional derivado
de Mies van der Rohe y el abuso de las cajas de vidrio.
Dentro del cuadro general del desarrollo económico, sobre todo en los países de
alto desarrollo tecnológico e industrial, se da un despegue consecuencia de los
efectos inmediatos de la Posguerra en los años 50. Las curvas Kondratieff,
permiten analizar las fases cíclicas de la crisis y expansión del sistema
capitalista, mediante las cuales se advierte un crecimiento económico a mediados
de los 50 y principios de los 60, un nuevo periodo de crisis y luego una fase de
crecimiento a fines de los 80 y principios de los 90; ciclos de más o menos 25
años, con fases largas de cerca de 50 años en la evolución económica que se ha
caracterizado como "economía-mundo-capitalista". Las crisis no son simétricas ni
siempre adoptan un patrón similar, ni se dan en áreas iguales. El desplazamiento
de capitales hacia ramas económicas que ofrecen mayor plusvalía, la competencia
entre grandes capitales monopólicos y supranacionales, el imperativo de éstos
para renovar procesos y plantas productivas ante la competencia, y renovar la
tecnología, incrementar la intensidad de capital en la producción, etc., son
algunos de los incentivos del sistema al que se someten las empresas, incluyendo
a la de la construcción. Son dos momentos claves coincidentes con los de mayor
intensidad en el surgimiento y expansión de corrientes recientes en la
arquitectura: el posmodernismo, surgido a fines de los años 50 y primeros de los
60; y luego el deconstructivismo, que se empieza a incubar a mediados de los
años 80 para consolidarse y empezar su divulgación al final de la misma década.
De esta coincidencia no debe derivarse una limitada relación
causa-efecto, o derivar un patrón de dependencia entre economía (causa) y
arquitectura (efecto), con la tentación de extenderle como instrumental
analítico a otros momentos de la historia de la arquitectura. Hay que considerar
y reformular postulados tradicionales y comunes, para reconstruir la historia de
la arquitectura con criterios y enfoques que consideran estas nuevas
determinaciones. Ambas corrientes han aparecido en países de alto desarrollo
industrial y económico. Su influencia, con el posmodernismo, se ha extendido
dando lugar a un debate cultural, que está dejando de ser actual y útil. En el
deconstructivismo, el debate apenas asoma y aún no llega del todo a nuestros
ambientes culturales y artísticos. Desconocemos los calificativos que se han
puesto en la polémica: los placeres de la incomodidad, proyectos de cortar y
romper, composiciones sobre descarrilamientos rusos, terrorismo arquitectónico,
posmoderno cismático o minimalismo sucio, son algunos. Ambas tendencias
arquitectónicas, al aparecer y divulgarse, abren el debate, pero se les
distorsiona y oculta, dando lugar a reacciones que tienden a defender y mantener
intereses profesionales de arquitectos. Simulando un poco, tomando de aquí y de
allá para ganar imagen. Posmodernismo y deconstructivismo empiezan por ser
crítica y disidencia. Inicialmente son llamativos y seducen casi
instantáneamente. Son grandilocuentes y provocadores como forma arquitectónica,
costosos, y difíciles de captar en una primera apreciación de su técnica
compositiva. Además, ambos profundizan la cultura de las estrellas de Hollywood
. Aquella disidencia y provocación iniciales, lo aparatoso y caro, son su
virtud, por lo novedoso, y les permitirá ser sometidos al proceso de absorción
cultural y convertirlos en mercancía: satisfacen exigencias de la estética de
las mercancías. La arquitectura ha sido convertida, además de instrumento de
poder por su costoso adorno e imponente apariencia, en un tipo de mercancía que,
pierde su contenido crítico de oposición y provocación y se vuelve objeto de
aparador, se le coloca en esa vía de su divulgación e imposición en el gusto de
los sectores subalternos de la sociedad. La arquitectura, como producto
técnico-cultural ha sido convertida en mercancía y adopta cada vez más las
alternativas de ésta. De aquí al predominio de la moda, el consumismo y la
publicidad engañosa, que el posmodernismo y la deconstrucción han dado asumido
plenamente. Estamos, ante otra historia de la arquitectura, tal vez sometida a
ciclos de variación, cada vez más cortos quizá y ante una próxima diversidad de
ofertas mercantiles de formas y conceptos arquitectónicos, bajo la máxima: todo
se vale. (Articulo enviado por: Arq. Aída Barrera
Álvarez Email: anonimo) |