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Arquitectos navarros.
MARCOS SÁNCHEZ . PAMPLONA Domingo, 27 de diciembre de 2009 - 04:00 h. Los
arquitectos navarros reclaman que se mejoren las condiciones que rigen los
concursos para adjudicar obras públicas. Dentro de su crítica al sistema, una de
sus principales denuncias es que se están produciendo bajas económicas abusivas.
Éstas, según explican, llegan a ser de un 50% en el precio de licitación. Las
rebajas, incrementadas por los gobiernos y ayuntamientos para reducir gastos y
por los propios arquitectos que presentan proyectos a los concursos para lograr
trabajo (en un tiempo en el que escasea), suponen la disminución de los
honorarios.
Las bajas económicas no están limitadas siempre. Los arquitectos de la Comunidad
foral demandan que se limite siempre y con claridad la baja económica, algo que
en estos momentos no ocurre en todos los concursos públicos de
Navarra ni del resto de España, o que las bajas
no existan. "Los concursos que agradecemos son los que tienen un tope de baja,
que suele ser del 20%. Y menos mal. Con un concurso que ganas tienes que cubrir
los gastos de otros 15 o 20 que has preparado. Debería no hacerse baja por este
motivo", manifiesta Sara Velázquez Arizmendi, del estudio de Germán Velázquez,
quien indica que "los concursos públicos del departamento de Salud y el
Ayuntamiento de Pamplona sí han puesto a veces bajas topes del 20%".
Miguel Ayape Bariain, dueño de un estudio de arquitectura junto a Andrés
Martínez, expone que las bajas "normales" se mueven entre el 20% y el 30% sobre
el coste de partida, pero que se están convirtiendo en comunes porcentajes
mayores. "Se están produciendo bajas superiores al 30%", afirma. "Pero si las
aplicamos sobre nuestros honorarios teóricos, estaríamos hablando de una media
en bajas de entre el 25% y el 50%, y de más del 50% también".
Ayape asegura incluso que, dentro del Gobierno de Navarra, las bajas económicas
de los concursos llegan a ser diferentes dependiendo cuál sea el departamento
promotor. "Unos departamentos pueden hacer concursos con una baja del 20% o el
40%, otros departamentos aplican bajas inferiores y otros, superiores. No hay un
criterio único", lamenta el arquitecto, que reclama también que los
departamentos del Ejecutivo foral y los ayuntamientos homogenicen la
documentación que se debe presentar para participar en los concursos. "Además,
se debería limitar la documentación", apostilla. "Ante la actual ausencia de
trabajo, somos tantos los que nos presentamos a concursos que tenemos que hacer
un trabajo excesivo. Si el concurso sirve para encontrar una idea, la
documentación tendría que limitarse a la idea. Acabamos haciendo estudios muy
complejos, encargando infografías que nos cuestan mucho dinero. Y, si en un
concurso se han presentado 15 propuestas, 14 han trabajado en balde". En
muchos casos, las rebajas económicas totales son el resultado de las que aplican
de partida los contratistas y la posterior a la que se ven obligados los
arquitectos en sus honorarios. "En los concursos de proyecto y obra el
contratista hace ya una baja de entre el 15% y el 17%, y además te dice que
hagas baja en tus honorarios, por lo que tienes que hacer la baja sobre el
precio ya rebajado. Lo ideal sería que se hicieran sin baja", dice Sara
Velázquez.
La baja temeraria (30%) no se respeta
En la misma línea que los anteriores, Sigifredo Martín, socio de 3G Arquitectos,
señala que "sería bueno que se limitara de un modo claro la baja económica en
una contratación". Actualmente, la Ley Foral de Contratos Públicos
establece como única limitación la figura de la baja temeraria. "Podrá
presumirse que una oferta es anormalmente baja cuando sea inferior en 30 puntos
porcentuales (un 30%) al importe estimado del contrato", reza la ley. Sin
embargo, los arquitectos exponen que la baja temeraria es "relativa". Si se
justifica que es posible desarrollar el trabajo con una baja superior al 30%, se
le da el visto bueno. "Si un equipo de arquitectos justifica que por sus medios
o su rendimiento puede trabajar con una baja superior al 30%, se le acepta sin
ningún problema", afirma Miguel Ayape. "Se salta cuando el que hace la baja
justifica que no es temeraria y demuestra que va a poder hacer la obra con el
presupuesto que ha presentado", confirma Sara Velázquez, al igual que hace
Sigifredo Martín: "En contratos de asistencia técnica, hay ayuntamientos que no
consideran esto y sí que puede acudirse a bajas superiores a las que serían
temerarias", manifiesta. "Debería ser un criterio más desechar las bajas
temerarias porque, hoy yo o mañana otro, ante la falta de trabajo, podemos
tirarel precio".
"Forzados" a rebajar los honorarios
Martín defiende que los arquitectos están "forzados" a rebajar sus honorarios.
"Si en un concurso se valora el sentido económico en sentido lineal, de forma
que al que más baja se le da la mayor puntuación y al que menos la menor, puede
suceder que alguien que está muy seguro de la calidad de su propuesta o no
necesita bajar sus honorarios porque tiene trabajo no haga una baja tan acusada
como el que por la crisis tiene que hacerla", señala el socio de 3G Arquitectos.
En el concurso que llevó a cabo el Ayuntamiento de Pamplona para la adjudicación
de la redacción del proyecto constructivo y la dirección de obra del parque de
bomberos que se está construyendo en Trinitarios, el pliego de condiciones
especificó que la puntuación máxima a obtener con la oferta económica sería de
20 puntos (sobre 100) y que se otorgaría un punto por cada 1% de baja sobre el
precio de licitación. Quien no efectuase baja tendría 0 puntos. "Los
estudios de arquitectura no tienen la misma estructura. Hay unos que pueden
soportar mayores bajas que otros que tienen una estructura con gastos generales
fijos. Estos últimos o no van al concurso o no pueden hacer el mismo tipo de
baja porque no les resultaría rentable que les adjudicasen un proyecto", explica
Sigifredo Martín.
Propuestas técnicas "mediatizadas" por las económicas
Los arquitectos forales coinciden al señalar que, a la hora de decidir la
ganadora entre todas las propuestas presentadas, en algunos concursos públicos
se está primando la oferta económica sobre la técnica. "Hay que establecer que
la parte económica nunca sea más de un 30% en el conjunto de la propuesta",
indica Miguel Ángel Alonso del Val, director del estudio de arquitectura
AH&Asociados. Sara Velázquez explica que normalmente se suele dar más puntos a
la oferta técnica, "salvo en concursos más chapuceros, como los de ayuntamientos
pequeños, en los que se les suele dar más puntos a la económica". Por su parte,
Sigifredo Martín asegura que "se está pervirtiendo y desvirtuando el sentido de
un concurso de propuestas". "En un concurso de ideas puro, sólo se valoran las
ideas y, en segundo término, el currículum de los profesionales. El problema es
que se están mezclando concursos de ideas que exigen un esfuerzo y que están
contaminados o mediatizados por la oferta económica. Si el concurso está
razonablemente planteado y el peso de la valoración económica es mínimo en el
contexto de 100 puntos, la competencia se produce en el terreno de las ideas.
Si, por el contrario, el peso de lo económico es muy grande y hay concursos en
los que se valora en un 50% o un 60%, resulta mucho más imprevisible lo que
pueda suceder con la calidad de una idea", detalla el arquitecto. "El carácter
económico puede hacer ganar a una propuesta que había quedado en el quinto lugar
en lo referido a lo técnico". Carmelo Fernández Militino, de TYM Asociados,
indica que "la Administración debería elegir la mejor idea, no la más barata".
Los trabajos presentados no se pagan
Sólo en algunas ocasiones se selecciona a arquitectos para que concurran a un
concurso y se les paga sus proyectos. Son concursos de naturaleza restringida y,
en ellos, la Administración invita a determinados profesionales a participar por
tener prestigio o haber sido objeto de una preselección. En los concursos de
convocatoria abierta, no se paga a quienes participan por sus propuestas, a
excepción de quienes resultan ganadores. "Es una pena", manifiesta Sara
Velázquez. "En nuestro caso, detrás de cada concurso hay nueve personas, de las
que los cinco arquitectos no cobramos pero el resto sí, más unos 1.500 euros
para las vistas, y al final para que sea más difícil ganar algo". Carmelo
Fernández Militino cuantifica el trabajo que está detrás de un proyecto
presentado a un concurso en "400 horas mínimas, sin contar los gastos de
edición".
Sigifredo Martín es más severo al afirmar que se está "maltratando" a los
arquitectos porque no se valora su trabajo. "Los concursos abren periodos de
concurrencia que pueden ser de entre 15 y 20 días, cuando son temas menores o de
urgencia, a dos o tres meses si se presenta como un concurso más estrella",
apunta. "De los concursos se deriva la elección de un proyecto y los trabajos de
los demás no se pagan e incluso pueden ser utilizados, ya que no está claro que
podamos hacer valer derechos de autor".
Miembros del jurado y bases del concurso
Miguel Ángel Alonso denuncia que, "en muchos casos", no se conocen los nombres
de los miembros del jurado antes de que los arquitectos se presenten al
concurso. "Esto se debería cambiar", insta. "El jurado debería, no sólo
comprometerse con las bases del concurso, sino además ser conocido antes del
concurso para que el que se presente sepa quién le va a juzgar y sepa que quien
le va a juzgar aprueba las bases. Se dan muchos casos en los que se hacen unas
bases y los jurados, que se forman en el último momento por una votación o una
designación, pasan olímpicamentede las bases".
Obligados a los concursos por la crisis
Los concursos públicos se plantean como la única salida en estos momentos para
la mayoría de los arquitectos navarros debido a la escasez de trabajo por la
crisis económica. "Aunque haya bajas del 40%, todos acabamos entrando porque
tenemos que seguir trabajando y mantener el estudio. Pero al final se resiente
la calidad de los proyectos", reconoce Miguel Ayape. El estudio de Gregorio
Velázquez es uno de los que se han visto empujados a competir en concursos
públicos. "De los clientes de toda la vida del estudio, muchos están con
terrenos empantanados, sin poder pagar al banco y nos han dejado proyectos
terminados y en muchos casos sin pagar. Ante esto, nos ha tocado meternos de
cabeza en el mundo de los concursos, aunque no teníamos mucha experiencia",
declara Sara Velázquez. "Hemos puesto a una persona encargada exclusivamente de
los concursos, y los cinco arquitectos del estudio, si nos toca concurso,
trabajamos fines de semana y las dos últimas noches enteras. No lo había pasado
tan mal desde el trabajo fin de carrera. A nivel personal es muy dramático.
Dentro de lo que cabe hemos tenido suerte porque, de todos los concursos a los
que nos hemos presentado, hemos ganado dos". Ante las situaciones de
masificación que se están produciendo, Carmelo Fernández Militino aboga por
concursos abiertos, pero con algún sistema de criba para "no permitir un número
indiscriminado de participantes". "Nos estamos encontrando concursos en España
con entre 300 y 500 participantes, y en Navarra con entre 30 y 50. Esto
convierte lo que era una libre oferta en una lotería", añade. [ Equipo
arquitectura y construcción de
ARQHYS.com ].
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