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Arquitectura
y modernismo.
La nueva arquitectura fue más bien obra de ingenieros que aprovecharon la
revolución de los materiales. La Revolución Industrial cambió el contenido
tecnológico y social de la construcción. Si en épocas precedentes la piedra
había sido muy usada, ahora se impone decididamente el
hierro y, desde 1850, el hormigón armado y el
cristal. El uso de los nuevos materiales abarató los costos y favoreció, además,
las audacias constructivas. Se inicio así la llamada arquitectura esqueleto, en
el que todo el edificio es un conjunto de vigas ensambladas entre si y las
paredes cierran los vanos pero ya no tienen misión sustentante. Fue muy
corriente el uso de material prefabricado. El mundo industrial se lleno de
mercados, estaciones, grandes almacenes, viviendas, depósitos, bibliotecas y
oficinas, que reflejaban el triunfo del maquinismo y de la humanidad
emprendedora.
Una gran obra de este momento fue el Palacio de Cristal (Londres), construido
por Pastón en 1851 para albergar la primera exposición Universal. Un enorme
espacio para exposiciones temporales construido con ocasión de la exposición,
representó un notable avance en el desarrollo de la arquitectura contemporánea.
Realizado enteramente con elementos prefabricados de acero y cristal, su belleza
debía ser algo secundario. Gustavo Eiffel, que había construido un
extraordinario viaducto (el de Garabit, en Francia) se distinguió por la
bellísima torre de Paris que lleva su nombre (1889). En América, Chicago y Nueva
York rivalizaron la arquitectura que refleja el mundo de los negocios. La
tecnología pronto afectaría al diseño de edificios. Con la invención del
ascensor, y a la carencia de suelo para la construcción alentó la posibilidad de
construir edificios en altura. A fin de siglo se construyeron rascacielos (en
Chicago uno alcanzo los 22 pisos), estaciones y puentes, que pueden ser
considerados símbolo de la joven América emprendedora.
El enorme aumento de la ciudades origino planes de ensanche (como el de
Ildefonso Cerdá, correspondiente a Barcelona) y proyectos originales (como la
Ciudad Lineal madrileña de Arturo Soria). Este arte fue acusado de frialdad, y
surgen a fin de siglo una reacción que intenta mezclar los recursos técnicos con
una llamada belleza. Es el modernismo. El movimiento triunfo especialmente en
Bélgica, Inglaterra y Cataluña (Barcelona ha sido llamada “la ciudad modernista
por excelencia”). Precisamente en esa misma época comienza a trabajar un genial
arquitecto: Antonio Gaudí, que concibió un templo grandiosos: La Sagrada
Familia, aun inacabado. [ Equipo
arquitectura y construcción de
ARQHYS.com ]
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