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Distribución
geográfica y variedad de castillos.
Las guerras que de forma continua azotaron a Europa entre los siglos IX y XIV
impulsaron, en casi todas las regiones, la construcción de castillos, que
mostraron una notable uniformidad estructural y estilística, únicamente alterada
por la peculiaridad del terreno. Los castillos europeos modificaron y
perfeccionaron sus sistemas constructivos y defensivos con las aportaciones de
los cruzados que, en sus expediciones a Tierra Santa, estudiaron las
fortificaciones orientales. A su ve, estos cruzados edificaron en Siria y
Palestina castillos de acuerdo con el modelo europeo, que recibieron el nombre
de Krak. Entre los castillos construidos en territorio francés, hay que
mencionar el Louvre, en París, cuyas obras se empezaron en 1190, el Chateau
Gaillard y el Pierrefonds. Desde el siglo XV, estas fortificaciones perdieron su
carácter medieval y se construyeron lujosas mansiones, como Chambord o
Chenonceaux, en la cuenca del río Loira.
En las islas británicas, los castillos, cuyo precedente históricos de hallaba en
las simples torres de madera rodeadas de una muralla y utilizadas por los
normandos en sus conquistas, fueron también muy numerosos. Entre los más
notables estuvieron los de Windsor y Newcastle, el de Harlech en Gales, y el
celebre Hampton Court, en las cercanías de Londres, reconstruido por Enrique
VIII en el siglo XVI según el modelo palaciego italiano. Los
castillos alemanes, denominados Burgs, se
alzaron principalmente en la ribera del Rin y en la región de Turingia. A juzgar
por sus ruinas, uno de los más bellos debió ser el de Heidelberg, que se inicio
en el siglo XIII. En Italia, estas construcciones fueron menos abundantes que en
otras zonas de Europa, ya que los grandes señores solían residir en las ciudades
en sus palacios mas o menos fortificados. Merecen nombrarse el Castel del Monte,
de planta octagonal, edificada por Federico II de Hohenstaufen, y el Castel
Nuevo de Nápoles, reconstruido en el siglo XV por Alfonso I de Aragón sobre las
ruinas de una fortaleza angevina del siglo XIII. El lago periodo de contiendas
que significo la Reconquista en España hizo levantar en este país un gran numero
de fortificaciones de este tipo en todas sus regiones y, especialmente, en
Castilla, cuyo nombre significa precisamente tierra de castillos.
Un fenómeno semejante al castillo de la Europa medieval se dio en Japón con los
recintos fortificados edificados durante el siglo XVI, en el periodo Momoyama,
cuyo ejemplo más significativos son el castillo Azuchi, construido por Nobunaga
Oda y el de Osaka, mandado a edificar por Hideyoshi. Estos conjuntos
constructivos comprendían gruesas murallas de piedra, rodeadas de profundos
fosos que delimitaban un amplio recinto con dependencias para usos oficiales y
privados, y una torre de defensa de varios pisos. El interior, dividido por
paneles móviles, según era usual en la arquitectura tradicional japonesa, estaba
decorado con pinturas de grandes artistas de la época.
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