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CAOLIN. El caolín es un polvo blancuzco e insoluble en agua. Arrastrado por
las lluvias se dispersa finisimamente y se mantiene en suspensión. En la
desembocadura de un río sedimenta, acumulándose acompañado de otros silicatos,
óxidos de hierro, piedras calizas y restos orgánicos. El resultado final son las
arcillas, silicatos de aluminio muy impurificados, cuyas propiedades dependen de
la composición. Su coloración, por ejemplo, varia del amarillo claro al pardo
rojizo. La característica distintiva del caolín y las arcillas es su
plasticidad: amasados con agua se convierten en una pasta semisólida, fácilmente
modelable. La pasta arcillosa es blanca y untuosa al tacto. Expuesta al aire se
deseca y endurece. El sólido obtenido es frágil y desmenuzable en presencia de
aire. La cocción, por calentamiento, produce cambios íntimos e irreversibles en
las arcillas. El objeto cocido es compacto y resistente, conservando su forma
indefinidamente. Aunque sea molido, su polvo ya no empasta nuevamente con agua.
La cocción transforma al caolín y las arcillas en productos cerámicos.
TIPOS DE ARCILLAS. Arcillas plásticas, que, como lo indica su nombre, tienen
buena plasticidad y ablandan entre 1000 y 1200º C. Pueden ser: Grasas: Son
sumamente plásticas. En su composición química hay mas de 15% de aluminio.
Magras: El producto cerámico suministrado por arcillas poco plásticas, con menos
de 15% de aluminio, es poroso y frágil. Arcillas Refractarias, empastan mal con
el agua y no demuestran mucha plasticidad. Ablandan a los 1600º C, asemejándose
al caolín, que lo hace a 1800º C
TIPOS, PROCEDIMIENTOS Y TÉCNICAS. La loza es una cerámica porosa cocida por
lo general a la temperatura más baja del horno (900-1.200º C). En función de la
clase de arcilla utilizada, al cocerse adquiere color amarillo, rojo, pardo o
negro. Es preciso barnizarla para hacerla resistente al agua. Casi toda la
cerámica pintada de la antigüedad y del medievo, tanto la de Oriente Próximo
como la europea, es de tipo loza, como la mayoría de las vajillas de uso
doméstico actuales. El gres, resistente al agua y mucho más duradero, se
consigue cociendo la arcilla a una temperatura de 1.200-1.280º C. Adquiere así
un color blanco, amarillo, gris o rojo y se barniza sólo por motivos estéticos.
La cerámica cocida a unos 1.200º C a veces recibe el nombre de cerámica de media
cocción; su tratamiento como loza o gres varía de una arcilla a otra.
PREPARACIÓN Y MANEJO DE LA ARCILLA. El ceramista puede eliminar algunas de
las impurezas propias de las arcillas secundarias o mezclarlas en diversas
proporciones para lograr efectos diferentes. Cierta cantidad de impurezas en la
arcilla ayuda a que la vasija mantenga su forma durante la cocción y los
ceramistas que utilizan arcilla de grano fino suelen `atemperarla' añadiendo
materiales burdos como arena, piedra pulverizada, conchas molidas o grog
(arcilla cocida y pulverizada) antes de trabajarla. La plasticidad de la arcilla
permite utilizar diferentes métodos para darle forma. Se puede aplastar y
moldearla después presionando contra la parte interna o externa de un molde de
piedra, mimbre, arcilla o escayola. La arcilla líquida puede verterse en moldes
de este material. Un recipiente puede formarse con rollos de arcilla: se amasa
la arcilla con las palmas de las manos y se extiende formando rollos largos, a
los que luego se da forma de anillo. Superponiendo varios anillos se va formando
el recipiente. También puede tomarse una bola de arcilla y presionarla con los
dedos hasta darle la forma deseada. La técnica más compleja es la de moldearla
en el torno de alfarero. El torno, inventado hacia el año 4000 a.C., consiste en
un disco plano que gira de forma horizontal sobre un pivote. Con las dos manos
—una en la parte externa y la otra en el interior— se va dando forma a una bola
de arcilla colocada en el centro de la rueda giratoria. Algunas ruedas se mueven
gracias a una varilla que encaja en una muesca de la rueda, que normalmente
mueve un ayudante. Es el método llamado `de torno movido a mano' y el clásico
entre los ceramistas japoneses. En Europa en el siglo XVI se añadió un accesorio
que, colocado en un marco, permitía al ceramista controlar la rueda con el pie.
En el siglo XIX se añadió una barra o pedal y en el siglo XX la rueda eléctrica
de velocidad variable ha permitido regular la velocidad de rotación. El mismo
principio del torno de los alfareros se aplica en equipos mecanizados, pero en
lugar de las manos hay sistemas de perfiles y cuchillas.
SECADO Y HORNEADO. Para que la arcilla no se rompa al cocerla, primero debe
dejarse secar al aire. Si está bien seca, es porosa y relativamente blanda,
puede cocerse directamente en un horno abierto a una temperatura de 650-750º C;
este es el modo en que se cocía la cerámica primitiva. Los primeros hornos se
utilizaron hacia el año 6000 a.C. Tanto los hornos de madera como más tarde los
de carbón, gas y electricidad requieren un control muy riguroso para lograr el
efecto deseado en la obtención de loza o gres, pues pueden conseguirse efectos
diferentes por aumento de la cantidad de oxígeno en la combustión (con la
adecuada ventilación para producir grandes llamas) o reduciendo el oxígeno con
la obstrucción parcial de la entrada de aire en el horno. Una arcilla rica en
hierro, por ejemplo, se volverá de color rojo si se cuece con un fuego rico en
oxígeno, mientras que en un horno pobre en oxígeno se volverá de color gris o
negro, pues el óxido rojo de hierro de la arcilla se convierte en óxido negro de
hierro al desprenderse la arcilla de una molécula de oxígeno para compensar la
falta de éste en el horno. (Articulo enviado por:
Ramón López García. Pais:
Republica Dominicana, Email: Prefiere anonimato) |