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Arboledas y clubes. A unos 20 kilómetros al
noroeste de la ciudad de México, en el emplazamiento de una antigua hacienda,
empieza en 1957 Luis Barragán a idear un nuevo fraccionamiento: Las Arboledas.
La muy larga relación del
arquitecto con el mundo ecuestre es
determinante en la génesis de este desarrollo y de otro posteriores. La
planificación urbana, las obras de ornato, jardines y reforestación en general
fueron llevadas a cabo por Barragán. Un gran muro de un rojo dramático, que
divide en dos el horizonte, señala la entrada al área y enmarca la monumental
gigantera, un paseo de casi un kilómetro de largo, bordeado de eucaliptos de mas
de treinta metros de altura y que ofrece una secuencia de sombras y luces
punteada por la plaza del Campanario y rematada por el gran muro blanco de El
Bebedero.
Ahí Barragán construyo un pequeño fraccionamiento, Los clubes, pensado para la
practica hípica y donde con claridad se advierten rasgos que evocan el paisaje
de sus primeros años, la hacienda Corrales cercana a Mazamitla, en la sierra del
Tigre. En los clubes estuvo una de las fuentes mas logradas, la llamada fuente
de los amantes, enmarcada por un muro de color rosa intenso, y la cual
desafortunadamente esta en la actualidad muy deteriorada. Irónicamente, los muy
precisos destinos estéticos que Barragán proyectaba para sus fraccionamientos
fueron en gran parte traicionados por la fragorosa realidad. LasArboledas, por
ejemplo, con sus calzadas pensadas cuidadosamente para el transito de los
jinetes, hubo de mudar su destino y ser dedicada a la habitación de clase media.
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