|
Fundamento esencial de esta belleza es el concepto de la
monumental grandiosidad, transcendiendo las proporciones humanas, en lo que se
diferencia fundamentalmente del concepto griego. Las construcciones más
características del arte egipcio son las tumbas y los templos. El tipo más
antiguo de tumba, que se repite en el Bajo Egipto, es la mastaba, que ofrece el
aspecto de una pirámide truncada de planta rectangular, dentro de la cual existe
una pequeña sala, serdab, para las ofrendas, una reducida capilla y, bajo
tierra, la cámara mortuoria a la que se accede por un pozo, que se ciega una vez
colocado el cadáver. La superposición de mastabas da lugar a la pirámide
escalonada, como la del faraón Zozer de la II dinastía, en Saqqarah. En la IV
dinastía se construye la gran pirámide de Keops, a la que siguen en importancia
las de Kefrén y Mikerinos. La pirámide encierra en su interior dos cámaras
funerarias, una en el centro y otra bajo tierra, a las que se accede por
estrechos corredores que se ciegan con grandes bloques de piedra, para
garantizar la inaccesibilidad una vez colocado el cadáver y las esculturas y
ajuar que en la cámara alta se depositan. Junto a las pirámides se sitúan
templos funerarios, una calzada conduce al Nilo, donde se construye otro templo
y otras dependencias que crean un ambiente en el que la pirámide es el centro de
atención. En relación.
Con la pirámide de Kefrén, está la esfinge de Gizeh, retrato
del faraón. A partir del imperio Medio, desplazado el centro político hacia el
sur de Egipto, se construyen los hipogeos, tumbas excavadas en los acantilados
del río, como las de Beni-Hassan, o bien se excavan en el suelo, como las que
subsisten en las cercanías de Tebas. Estas tumbas, cuyos accesos se ocultan
están constituidas por varias salas, disimuladas las comunicaciones entre ellas,
para evitar las depredaciones. Los templos más característicos corresponden al
Imperio Nuevo. Esquemáticamente están constituidos por una avenida de esfinges,
dos obeliscos, el acceso rectangular que se abre entre dos pilonos o muros
trapeciales, con frecuencia decorados con relieves, y rematados por la
característica gola egipcia, formada por una moldura y una faja cuyo perfil es
análogo al de la garganta humana. El acceso da paso a un patio hipétro, sin
cubierta y con columnas en torno al que sigue la sala hipóstila, es decir, con
columnas, que da paso al santuario en cuyo fondo se sitúa una pequeña cámara muy
reservada. se observa la gradación en la luminosidad que, como otros aspectos,
ha de influir, en este caso por oposición, en los templos cristianos en los que
la máxima luminosidad se concentra en la cabecera. El templo se completaba con
edículos, templetes y, fundamentalmente, con un convento y otras dependencias.
Son características las de Karnak, Luxor, Filae y Edfú. Otro tipo de templo
tiene carácter funerario, speos, siguiendo el modelo de hipogeo, según vemos en
los de Deir-el-Bahari, sobresaliendo el de la reina Hatsepsut, del Imperio
Nuevo, organizado en tres terrazas y en el que aparecen las columnas
protodóricas. Son muy característicos los de Abu Simbel, que se abren como gran
pilono tallado en la roca, con estatuas en los frentes y que consta de sala con
pilares, santuario y cripta. Las casas egipcias, estaban formados en dos partes,
destacando en ellas el gran salón con columnas, que recibía la luz cenital o
aprovechaba el desnivel entre los muros y la cubierta pues eran más bajos que
los soportes en que apoyaba el techo, al fondo se situaba un jardín. (Articulo enviado por:
SEYNI GUZMAN. Email:
sealguz21@yahoo.com) |