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Las típicas figuras de perfil con los brazos y el cuerpo de
frente de los murales egipcios, son producto de la utilización de la perspectiva
aspectiva. Los egipcios no representaron las partes del cuerpo humano según su
ubicación real sino teniendo en cuenta la posición desde la que mejor se
observara cada una de las partes: la nariz y el tocado de perfil, que es como
más resaltan; y ojos, brazos y tronco, de frente. Esta práctica se mantuvo hasta
mediados del Imperio Nuevo, luego se prefirió la representación frontal.
Un capítulo aparte en el arte egipcio lo constituye la escritura. Un sistema de
más de 600 símbolos gráficos denominados jeroglíficos, se desarrolló a partir
del año 3.300 a.C. y su estudio y fijación fue tarea de los escribas. El soporte
de los escritos era un papel fabricado en base a la planta del papiro. La
escritura y la pintura se hallaban estrechamente vinculadas por su función
religiosa. A las pinturas murales de los hipogeos y las pirámides se las
acompañaba de textos y fórmulas mágicas dirigidas a las divinidades y a los
difuntos.
Es curioso observar que la evolución de la escritura en jeroglíficos más
simples, la llamada "escritura hierática" determinó en la pintura una evolución
similar, traducida en un proceso de abstracción. Estas obras menos naturalistas,
por su correspondencia estilística con la escritura, se denominaron a su vez
"pinturas hieráticas". Del Imperio Antiguo se conservan las famosas pinturas
"Ocas de Meidun" y del Imperio nuevo merecen mencionarse los murales de la tumba
de la reina Nefertari, en el Valle de las Reinas, en Tebas. (Articulo enviado por:
SEYNI GUZMAN. Email:
sealguz21@yahoo.com) |