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Palacios
en Europa. El palacio fue la manifestación arquitectónica mas
características de la cultura minoica establecida en la isla de Creta. Las
excavaciones arqueológicas han permitido conocer los de Cnosos, Festo y Hagia
Triada, cuya laberíntica disposición pudo dar origen a la leyenda de Teseo y el
Minotauro. Las edificaciones construidas de forma dintelada sobre columnas de
fuste liso, se distribuían en diversos niveles, en torno a un patio central.
Además de la sala de recepción y de la gran sala del trono, el conjunto incluía
una larga serie de
habitaciones privadas, con tragaluces que
permitían el paso de la luz y del aire y dependencias para el trabajo colectivo,
como graneros, hornos o molinos. El Imperio Romano marco un periodo de apogeo
del palacio, que se convirtió en modelo de futuras construcciones. La
edificación palatina romana desarrollo, en amplitud y complejidad, el tipo
constructivo de la característica vivienda urbana o Domus hasta adquirir el
aspecto de una pequeña ciudad. Su decoración era suntuosa y contaba con mármoles
y mosaicos, fuentes, estatuas y jardines. Entre los numerosos ejemplos sobre
salieron la Domus Flavio, construida por el emperador Domiciano en la colina del
Palatino.
Por las descripciones que de ellos se conservan los palacios bizantinos
rivalizaron años después en elegancia y riqueza con los romanos. Destaca el
palacio imperial de Constantinopla, mandado construir por Constantino y
reformado por los emperadores Teofilo y Basilio I, en el siglo IX. Durante la
edad media, el palacio se transformo en un castillo fortificado, de austera
construcción, como correspondía a su función militar. Con el Renacimiento surgió
la idea del palacio moderno, símbolo del poder del príncipe. Figuran, en primer
lugar, los construir en Italia por los grandes arquitectos de la época, como el
palacio Pitti o el Medici-Riccardi, de Florencia; el Farnesio, en Roma; y el
palacio del Te, en Mantua. En Francia, las tendencias renancetista se plasmaron
en los magníficos castillos- palacios de la zona del Loira, como Blois y
Chambord, y en el de Fontainebleau. En los Países Bajos, Inglaterra, Alemania y
el norte de Europa persistieron las formas góticas, aunque influidas en muchos
casos por las del renacimiento, Como puede apreciarse en la ya citada
reconstrucción de Hampton Court, en Inglaterra, o en el castillo palaciego de
Kronborg, en la ciudad danesa de Elsinor, donde William Shakespeare situó la
acción de Hamlet. En España hay que señalar sobre todo el palacio de Carlos V en
Granada, ejemplo de austeridad y equilibrio.
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