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Resumen del texto: EL PROBLEMA DE LA DEFINICIÓN
GENERAL DEL ARTE de Umberto Eco. Por: Lilian Carrasco.
(llilian.carrasco@fayl.uh.cu).
Ante el empalidecimiento del valor estético frente al valor cultural abstracto,
y ante el consiguiente prevalecer de la poética sobre la obra, del diseño
racional sobre la cosa diseñada, surge espontáneamente la expresión de “muerte
del arte” para indicar un acontecimiento histórico que representa un cambio
sustancial, en la evolución del concepto de arte, como el que se verificó entre
la Edad Media, el Renacimiento y el Manierismo, con el ocaso de la concepción
clásica del arte y el advenimiento de la concepción moderna. La explicación
cada vez más estricta de este devenir del arte a posiciones de mayor
autoconciencia crítica, a través de las obras hegelianas, desde la
fenomenología hasta las Lecciones Estéticas y después en los escritos de
Gentile, Spirito, Boñfi, Adorno, Weidé, Sedlmayr, Ortega y Gasset y otros
pensadores, así como en artistas como Joycel y Picasso.
La necesidad de reconocimiento del proceso de irreversible adecuación del
conatos intelligendi, en su paso de un dominio exterior a un dominio interior y
a una libertad cada vez más autoconsciente que el arte ha conocido a partir del
Romanticismo, aparecen dominados por ese supremo poder que para Hegel es la
muerte. Todo esto constituye un proceso de muerte, pero una vez es un
movimiento positivo, donde la muerte tiene el rostro radiante de la infinita
consciencia en la que exalta al arte y al mundo entero, quizá, de la cultura y
de la comunicación contemporánea. Significa precisamente la muerte de
determinadas figuras de la consciencia en el interior del actuar artístico y
estético, su continuo transformarse y regenerarse en la autoconciencia
irrumpente: que es un fecundo significado; que representa para todo el arte
contemporáneo: la exaltación del máximo de consciencia de la esencia de
artisticidad en el desmontaje analítico y experimental de sus estructuras en la
autodestrucción verificante del arte por su propia mano.
Formaggio afirma en L´ idea di artística que la idea de arte, que las poéticas
modernas habían propuesto como única y absoluta, está madurando en la
actualidad una crisis secular, hasta el punto de que pueda hablarse
legítimamente de “muerte del arte” y de advenimiento de nuevas formas que
esperan una adecuada descripción filosófica y ante una tal perspectiva el que
esto escribe no experimenta ningún tipo de preocupación, porque comparte con
Formaggio una radical disponibilidad hacia el devenir y transformarse de
nuestras concepciones entorno a lo Bello y la Foma. La definición conceptual se
forma a través de un trabajo preliminar de análisis, crítica, descripción
comprensiva e interpretativa de experiencias concretas. El arte es “intuición”
es porque he examinado las distintas experiencias artísticas que conozco y he
creído poder sacar de ellas una experiencia común; y si afirmo que el arte es
ejercicio de un “ formar por formar” es porque, examinado un rodeo más amplio
de experiencias artísticas, tratando de incluir en el campo examinando aspectos
que escapaban a la definición anterior, se puede extraer una característica
común que los distingue de otras órdenes de actividad y permite definir con un
solo concepto La Divina Comedia, como el martillo proyectado por el último
danés.
Todas las formulaciones de Formaggio, y su misma polémica contra las
definiciones históricamente caracterizables, son posibles precisamente como
producto de una determinada fase, históricamente determinada, de la cultura
occidental. Aristóteles y León Bautista Alberti no hubieron podido, en efecto,
hablar de una muerte del arte, pues para esto era necesario que la cultura
occidental viviera la aventura de la poesía sobre la poesía que va desde los
románticos hasta la música electrónica, la postura de Formaggio podía darse
solo en el presente contexto histórico y hay que admitir, si no queremos
ignorar la conciencia de la historicidad en todo discurso teorético, que se
trata, de una adquisición ineliminable de la filosofía moderna, como expresión
típica de un determinado momento de nuestra cultura, necesariamente ligada a
determinadas experiencias de las poéticas contemporáneas. Toda la problemática
de la muerte del arte y de la constitución de una cautelosa interpretación de
las poéticas contemporáneas, de la situación presente del arte, y nadie, puede
afirmar que dentro de cincuenta años resulte todavía, puede decirnos qué
caminos tomará el arte de mañana.
Dadas las poéticas, las definiciones generales del arte, nos hallamos frente a
tres universos del discurso, que tratan de determinar tres campos distintos de
análisis y de operación. El problema es, ver como excluye al otro, o bien si
cada uno de ellos no implica el otro o tiene su propio campo de aplicación
dentro del cual es legítimo y necesario. Tenemos el universo de las obras de
arte, cada una distinta de las demás, dotada de una individualidad concreta y
propia. En el momento en que admitimos que cada obra ha ido precedida de un
proyecto operativo que deducimos del modo de formar concretado en forma o de
documentos explícitos accesorios que nos ilustran acerca de un propósito
formativo deliberado nos damos cuenta de que los proyectos operativos
individuales se agrupan según familias y afinidades, intencionadas o
inconscientes. Para explicar una sucesión que indique una referencia estable,
elaboro una visión dialéctica de la sucesión de las poéticas: la idea del arte
varía continuamente según las épocas y los pueblos, y lo que para una
determinada tradición cultural era arte, parece disolverse frente a nuevos
modos de actuar y de gozar. De la idea de arte puedo ver una especie de ley que
regula el desarrollo de los conceptos y une todo el desarrollo pasado y futuro
según etapas regidas por una racionalidad fácilmente recognoscible y
previsible, una dinámica de lo real que constituye el objeto de una lógica que
es a la vez ontología; presentando una concepción metafísica de la dialéctica
que permite anticipar los desarrollos futuros del obrar artístico y que resulta
normativo.
El término “orientación” nos sugiere, si la ciencia me explica fenómenos en
ámbitos bastante reducidos prudentemente a intentar una unificación de los
distintos ámbitos y si la imaginación fabulista me propone explicaciones
unitarias, no pueden servirme de base para las diversas y complejas decisiones
de orden ético e intelectual, queda quizás espacio para un tipo de actividad
aún sin pretender ofrecerme explicaciones totalmente verificables en base a
procedimientos experimentales, me propongo, hipótesis, direcciones de
investigación, módulos de investigación, este tipo de discurso tiende a
ofrecernos generalizaciones orientadas en un ámbito más extenso:
particularmente útiles en el universo de las relaciones humanas, de los actos
morales y de las explicaciones históricas. Un universo que, desde el momento en
que no pretende el mismo tipo de validez que pretende la ciencia, no puede ser
excomulgado por esta; y que tampoco pretende excomulgar la ciencia, aunque en
ocasiones pueda adivinar que ciertas explicaciones de la ciencia no le parecen
satisfactorias. Pero este discurso de tipo filosófico puede tener también
pretensiones más reducidas y modestas, cuando establecidas las reglas de
determinados términos descriptivos trata de fijar algunos puntos de referencia
estables a través de una fenomenología de la variedad de los acontecimientos en
un determinado campo de análisis, distinto a lo que en base a la definición
puede pertenecer al mundo. De modo muy general: no elijo entre distintos tipos
de arte y, no estoy aún ante una opción programática basada en el gusto
personal, simplemente un proceso lógico o un sentimiento moral y un proceso
artístico. Podré afirmar que también un acto moral, un gesto de cortesía, puede
ser estudiado e improvisado de acuerdo con ciertas modalidades de incorporación
de forma que se manifieste en toda su riqueza, pero la definición que hemos
ofrecido del arte nos sirve precisamente para comprender que en tal caso estoy
considerando desde el punto de vista del arte lo que no era arte, sino otro
tipo de actividad.
Una definición general del arte conoce perfectamente sus límites: y son límites
de una generalización no verificable sino de experimentación; de una definición
cargada de historicidad y, susceptible de modificaciones en otro contexto
histórico; los límites de una definición que generaliza por la comodidad de un
discurso común, una serie de fenómenos concretos, una definición general del
arte sabe muy bien que es indispensable, es un gesto que se realiza, un deber
que ha de cumplirse; para fijar un punto de referencia destinado a aquellos
discursos que, son intencionadamente históricos, parciales, limitados,
orientados teleológicamente a una opción. Esta serie de objeciones que hemos
formulado a la tesis de Formaggio tendrían lo siguiente: por una parte la
legitimidad de una actividad filosófica que trate de ofrecer una definición
general del arte, por otra, establecer que la actividad definitoria debe
coexistir, a otro nivel, con una asunción filosófica general que explique la
mutabilidad de las perspectivas y de las definiciones estéticas, así como de
toda definición filosófica. |