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Hierro. Es un elemento metálico, magnético,
maleable y de color blanco plateado. Tiene de número atómico 26 y es uno de los
elementos de transición del sistema periódico. Fue descubierto en la
prehistoria y era utilizado como adorno y para fabricar armas; el objeto más
antiguo, aún existente, es un grupo de cuentas oxidadas encontrado en Egipto, y
data del 4000 a.C. El término arqueológico edad del hierro se aplica sólo al
periodo en el que se extiende la utilización y el trabajo del hierro. El
procesado moderno del hierro no comenzó en Europa central hasta la mitad del
siglo XIV. Es blando, maleable y dúctil. Se magnetiza fácilmente a temperatura
ordinaria; es difícil magnetizarlo en caliente, y a unos 790 °C desaparecen las
propiedades magnéticas. Tiene un punto de fusión de unos 1.535 °C, un punto de
ebullición de 2.750 °C y una densidad relativa de 7,86. Su masa atómica es
55,845. El metal existe en tres formas alotrópicas distintas: hierro ordinario
o hierro-a (hierro-alfa), hierro-g (hierro-gamma) y hierro-d (hierro-delta). La
disposición interna de los átomos en la red del cristal varía en la transición
de una forma a otra. La transición de hierro-a a hierro-g se produce a unos 910
°C, y la transición de hierro-g a hierro-d se produce a unos 1.400 °C. Las
distintas propiedades físicas de las formas alotrópicas y la diferencia en la
cantidad de carbono admitida por cada una de las formas desempeñan un papel
importante en la formación, dureza y temple del acero.
Químicamente el hierro es un metal activo. Se combina con los halógenos (flúor,
cloro, bromo, yodo y astato) y con el azufre, fósforo, carbono y silicio.
Desplaza al hidrógeno de la mayoría de los ácidos débiles. Arde con oxígeno
formando tetróxido triférrico (óxido ferrosoférrico), Fe3O4. Expuesto al aire
húmedo, se corroe formando óxido de hierro hidratado, una sustancia
pardo-rojiza, escamosa, conocida comúnmente como orín o herrumbre. La formación
de orín es un fenómeno electroquímico en el cual las impurezas presentes en el
hierro interactúan eléctricamente con el hierro metal. Se establece una pequeña
corriente en la que el agua de la atmósfera proporciona una disolución
electrolítica. El agua y los electrólitos solubles aceleran la reacción. En
este proceso, el hierro metálico se descompone y reacciona con el oxígeno del
aire para formar el orín. La reacción es más rápida en aquellos lugares donde
se acumula el orín, y la superficie del metal acaba agujereándose. Al
sumergir hierro en ácido nítrico concentrado, se forma una capa de óxido que lo
hace pasivo, es decir, no reactivo químicamente con ácidos u otras sustancias.
La capa de óxido protectora se rompe fácilmente golpeando o sacudiendo el
metal, que vuelve así a ser activo. La siguiente imagen ilustra la oxidación
del hierro. La mayor parte del hierro se utiliza en formas sometidas a un
tratamiento especial, como el hierro forjado, el hierro colado y el acero.
Comercialmente, el hierro puro se utiliza para obtener láminas metálicas
galvanizadas y electroimanes. Los compuestos de hierro se usan en medicina para
el tratamiento de la anemia, es decir, cuando desciende la cantidad de
hemoglobina o el número de glóbulos rojos en la sangre. Según estimaciones para
2000, la producción anual de hierro se situaba en torno a los 1.010 millones de
toneladas. (Articulo enviado por: Carlos Ozuna,
Republica Dominicana) |