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Los palacios. Este términos es derivado de
los edificios construidos en el monte Palatino, dónde erigieron sus
residencias los emperadores romanos, el palacio
era a la vez lugar de residencia de un monarca o gran dignatario, sede de
gobierno y escenario de las funciones y servicios relativos a este poder. Por
ello, en la mayoría de las culturas constituyó uno de los exponentes más lujosos
y suntuosos de la arquitectura monumental y la mejor manifestación de la
autoridad y la fuerza. Al mismo tiempo, solía ser un foco de cultura que
atesoraba grandes valores artísticos. En Europa, a finales de la edad media y,
sobre todo, durante el Renacimiento, el palacio dejo de ser un privilegio de
príncipes, nobles y altos dignatarios eclesiásticos para convertirse también en
una expresión del creciente poderío económico de la burguesía mercantil que
empezaba a dominar las ciudades.
Ejemplo de simbiosis entre castillo y palacio fue, en el siglo XIV, la
residencia papal en Aviñon, Francia. Sin embargo, según se ha señalado, los
nuevos armamentos desarrollados durante el siglo XV, así como las nuevas
corrientes estéticas imperantes en la arquitectura en la fase tardía del gótico,
volvieron a restituir progresivamente al palacio su primitivo esplendor. Se
edificaron entonces construcciones más cómodas y lujosas, donde la ornamentación
adquirió mayor importancia, aun cuando se mantuvieran las gruesas murallas y la
torre del homenaje. Durante el barroco persistió la idea renacentista del
palacio como centro del poder, pero los nuevos postulados estéticos llevaron a
la construcción de grandes edificios ricamente decorados, tanto en le exterior
como en el interior. De corte igual monumental pero de barroquismo mucho mas
acusado fueron los palacios virreinales de la América Hispana.
Con el neoclasicismo se puede decir que acabo la tendencia arquitectónica de
construcción de grandes palacios. Ciertamente, su espíritu pervivió en los
palacetes urbanos y rurales de la nobleza y la alta burguesía y en numerosos
edificios oficiales, pero uno y otros se realizaron en un estilo casi siempre
historicista que rememoraba construcciones pasadas.
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