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Medio
social del edificio. El objetivo social de un edificio puede
ser la expresión de un status, un papel, un grupo, una colectividad o una
institución; y un conjunto de edificios puede representar el sistema social como
una totalidad. Es evidente que aquí trascendemos las verdaderas funciones
físicas. La
cabaña del jefe o el palacio del rey se hacían
mayores que los otros edificios para indicar un status social. Cuando los
conventos se rodeaban de muros incluso en los periodos en los que la necesidad
de protección física estaba fuera de lugar, era para señalar que nos
encontrábamos en una colectividad de un tipo especial e inaccesible.
Una sociedad democrática puede que no sea correcto expresar las diferencias de
status pero, sin duda, es importante todavía representar los diversos papeles e
instituciones. Los papeles individuales no deberían reflejarse demasiado en las
viviendas, puesto que estaría en contradicción con la igualdad democrática de
las personas. Pero los lugares de trabajo deben diferenciarse para demostrar que
los papeles individuales participan de contextos variables. En la historia de la
arquitectura encontramos instituciones sociales. El frontón tenia,
originalmente, tal función distintiva, hasta que se devalúo, en el siglo XIX, al
aplicarse a toda clase de edificios.
La idea de expresar papeles y las instituciones es relativamente nueva en la
arquitectura actual. El primer funcionalismo consideraba principalmente las
funciones físicas, y eludía todo intento de simbolizar objetos superiores. Por
ello, era capaz de dominar las exigencias de ciertos tipos de edificación como,
por ejemplo, la iglesia. Es por esto que desde un punto de vista teórico, es
importante reconocer que los objetos sociales son posibles polos de totalidad
arquitectónica, y que es necesario hacer un balance de su papel. En general,
podríamos decir que la participación que regula la interacción humana forma
parte del contenido de cada edificio. Por: Luisa Garcia, para
arquitectura y construcción en
ARQHYS.com.
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