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Previo al tratamiento protector, el metal debe ser
perfectamente limpiado, a fin de obtener una mejor adherencia. Para ello se los
puede tratar con un chorro de arena fina a presión, cepillos de acero pasados a
mano o a máquina, o con reactivos químicos, como el ácido fosfórico, que provee
la industria bajo el nombre de líquidos desoxidantes; puede prepararse en
solución acuosa al 10 %. Los reactivos químicos tienen la ventaja de efectuar
una limpieza prolija hasta donde no siempre se puede llegar por los otros
medios, debido a la forma de las piezas. a) Pinturas.
Una vez limpias las superficies, se les aplica el fondo antióxido en una o dos
manos, según se requiera mayor o menor resistencia. Se emplean productos
preparados por la industria a base de cromato de zinc o minio de hierro (el
minio de plomo está prohibido por las reglamentaciones, por tóxico). Sobre el
fondo antióxido, se aplican las manos de acabado; si las piezas han de quedar a
la vista se emplean pinturas al aceite o las lacas a la piroxilina
(nitrocelulosa). Si las piezas deben ser enterradas o quedaran fuera del alcance
visual, se pintan con pinturas y barnices bituminosos.
b) Galvanizado. Es el procedimiento más generalizado; consiste en
recubrir con una película de zinc, para lo cual y previamente limpias, se
sumergen las piezas caldeadas en un baño de zinc fundido que se cubre con una
capa de cloruro de amonio para que no arda; después de unos segundos se retira
el hierro hasta el total enfriamiento. Las chapas onduladas de hierro
galvanizado o zincado, tan comunes, son un ejemplo de este procedimiento. El
galvanizado o zincado se deteriora con el hollín de las chimeneas, el agua de
mar y algunas veces con la acción corrosiva de los productos sulfurosos del
hierro, por lo que debe rechazarse toda pieza que presente señales de corrosión.
c) Emplomado. No es un procedimiento muy
recomendable, pues el plomo adhiere poco con el hierro; menos que el zinc y que
el estaño.
d) Estañado. Es algo
mejor que el plomo, pero no tiene gran duración. El aspecto que da al hierro es
más agradable que el del zinc o el plomo. e) Esmaltado. Consiste en recubrir el
hierro con un producto vidriado. Una vez bien limpio y seco el metal, se recubre
con una capa constituida por feldespato, cuarzo, bórax y arcilla, que una vez
seca se introduce en el horno hasta la fusión . Al enfriarse se aplica otra mano
de terminación por inmersión en un baño de cuarzo, bórax, sosa, y óxido de zinc,
plomo, etc., según el color deseado, volviendo a calentar hasta la fusión.
Ejemplos de este procedimiento son las cacerolas para cocinar, artefactos de
baño, etc. f) Cementos. El recubrimiento del hierro por una capa de cemento,
tiene la ventaja de no necesitar una limpieza previa. El cemento Portland posee
la propiedad de absorber las pequeñas capas de óxido. Se ha comprobado en
demoliciones efectuadas en la Capital Federal, que en hierros involucrados
dentro del hormigón no solamente fue contenido el principio de oxidación sino
que la pieza se retiró relativamente limpia de óxidos. Es útil siempre que el
manipuleo sea poco, pues se descascara y no resiste la acción de los aceites
grasos. g) Niquelado. Es otro procedimiento de protección del hierro, muy usado,
especialmente porque mejora mucho su aspecto. (Articulo enviado por: Tomas Morel.
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