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En contraste con esta estilización y abstracción de la figura
humana están las múltiples figuritas de animales modeladas con gran naturalismo.
El segundo gran momento de esplendor dentro del arte prehistórico tuvo lugar
durante el IV milenio, cuando aparecieron en la meseta una gran variedad de
cerámicas pintadas de diferentes estilos. Por regla general, las vasijas eran
rojas o ligeramente amarillentas con figuras de animales, a menudo cabras,
pintadas en negro. La cerámica se encontró junto a otros pequeños objetos como
sellos e instrumentos de cobre (alfileres o cinceles, entre otros). Durante el
tercer milenio se fabricó cerámica gris bruñida en la zona noreste de Persia,
así como también gran cantidad de objetos o piezas de cobre como hachas, broches
y figurillas. La cerámica pintada continuó produciéndose en otras partes del
país salvo en el norte, el Azerbaiyán, donde aparecen vasijas y utensilios
barnizados en gris y negro con motivos decorativos geométricos mediante
incisiones sobre la superficie del objeto posteriormente rellenadas de pasta
blanca. Hacia el año 1300 a.C. este tipo de cerámica gris aparece en toda la
zona norte de Persia, quizá con origen nororiental, y muy probablemente asociada
con la expansión de las tribus indo-iranias. Alrededor del año 800 a.C. florece
de nuevo la pintura, con representación de modelos geométricos, animales y
figuras humanas.
Iniciado a finales del segundo milenio y con un desarrollo cronológico que
alcanza hasta mediados del primer milenio, tuvo lugar en toda la zona montañosa
al sur del Caspio y el Luristán un importante florecimiento de los trabajos en
bronce fundido. Se hicieron en grandes cantidades arneses, enjaezados y bridas
para los caballos, hachas y objetos votivos, reflejando todos ellos un complejo
estilo creado a base de combinar fragmentos o partes animales con criaturas
fantásticas de variadas y extrañas formas. Durante el periodo Aqueménida las
artes decorativas tuvieron una gran difusión dentro de los artículos de lujo,
como ornamentos y vasijas de oro y plata, jarrones de piedra y joyas con
decoración incisa. Una importante colección de todo este tipo de objetos,
denominada Tesoro de Oxus, se conserva en el Museo Británico de Londres. La
metalistería Sasánida alcanzó un gran desarrollo, siendo sus objetos más
frecuentes las copas y platos de plata y los aguamaniles de bronce con profusa
decoración repujada. Los temas más frecuentes fueron escenas cortesanas,
cazadores, animales, pájaros y plantas. La mejor colección de este tipo de
piezas se encuentra en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo; otros ejemplos
los podemos localizar en los museos de París, Londres y Nueva York. La
producción de tejidos fue una industria muy destacada dentro del periodo
Sasánida. Los diseños incluían sobre todo motivos animales, vegetales y de caza
dispuestos de forma simétrica, situados dentro de medallones; fueron muy
imitados en todo el Oriente Próximo y también en la Europa medieval. Incluso
después de la conquista árabe las sedas y la metalistería Sasánidas se
continuaron fabricando, influyendo fuertemente en el arte bizantino, en China y
en la zona del Turkestán. (Articulo enviado por: SEYNI
GUZMAN. Email: sealguz21@yahoo.com) |