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Los diseños y el gusto por el detalle en el grabado tienen
claro antecedente en los modelos asirios, pero el tratamiento naturalista de los
ropajes superpuestos y los ojos es completamente novedoso. En Persépolis la
escultura fue un importante complemento de la arquitectura. A los capiteles con
formas animales que fueron característica dominante en los interiores de los
edificios, hay que añadir los frisos con decoración de leones en las paredes
exteriores de los mismos. En las jambas de las puertas se tallaron relieves del
Rey, y las escaleras fueron decoradas con frisos en bajorrelieve representando a
la guardia real y a los portadores de tributos. La puerta principal de la ciudad
estaba flanqueada por una pareja de enormes toros con cabezas humanas talladas
en altorrelieve. El palacio de Susa estaba decorado con relieves en piedra al
estilo de los de Persépolis y paneles de ladrillo vidriado azul, verde, blanco y
amarillo. La utilización de este material viene de tradiciones anteriores,
asiria y babilónica. En estos paneles de Susa aparecen retratados soldados,
toros alados, esfinges y grifos. El más conocido de todos ellos es el denominado
Friso de los Arqueros (Louvre, París). Dentro de la escultura Aqueménida es
importante destacar también las cuatro tumbas reales excavadas en la roca de
Naqshah Rostam. Cada tumba fue tallada en la roca imitando la fachada de un
palacio, con figuras sobre un estrado en el que aparece el rey adorando a los
dioses.
Después de la conquista de Persia por Alejandro Magno la influencia griega, en
su etapa helenística, fue predominante dentro del mundo artístico. Entre otros
ejemplos pueden citarse los fragmentos de escultura en bronce hallados en Shami,
y los relieves de Behistún. El segundo gran periodo del arte persa comienza con
el advenimiento de la dinastía Sasánida en el 226 a.C. De este periodo sólo ha
sobrevivido un único ejemplo de escultura exenta o de bulto redondo, que es la
colosal figura de un rey aparecida cerca de Bishapur. Se conserva también un
reducido número de estatuillas, pero los mejores ejemplos escultóricos, como
sucedió también en época Aqueménida, están en los relieves grabados sobre la
roca. Los más conocidos son los gigantescos relieves de Naqshah Rostam, en los
que aparecen retratados los reyes persas Ardachir I y Sapor (o Sahpur) I (años
241 a 272) montados a caballo. Similar escena ecuestre ofrece el relieve de Taq-i-Bustan,
representando a otro rey persa de esta dinastía, Cosroes II. Tras el periodo
Sasánida la escultura dejó de ser importante dentro de las producciones
artísticas de Irán. (Articulo enviado por: SEYNI GUZMAN.
Email: sealguz21@yahoo.com) |