Escultura de Persia



En el primer gran periodo del arte persa, durante el reinado de los Aqueménidas, la escultura se hizo a escala monumental.

Hacia el 515 a.C. Darío I el Grande mandó esculpir un gran relieve y una inscripción grabada en la roca de los acantilados de Behistún. El relieve muestra a Darío como Ahura Mazda (divinidad suprema del zoroastrismo) venciendo a sus enemigos.

Los diseños y el gusto por el detalle en el grabado tienen claro antecedente en los modelos asirios, pero el tratamiento naturalista de los ropajes superpuestos y los ojos es completamente novedoso.

En Persépolis, la escultura fue un importante complemento de la arquitectura. A los capiteles con formas animales que fueron característica dominante en los interiores de los edificios, hay que añadir los frisos con decoración de leones en las paredes exteriores de los mismos.

En las jambas de las puertas se tallaron relieves del Rey, y las escaleras fueron decoradas con frisos en bajorrelieve representando a la guardia real y a los portadores de tributos.

La puerta principal de la ciudad estaba flanqueada por una pareja de enormes toros con cabezas humanas talladas en altorrelieve.


El palacio de Susa estaba decorado con relieves en piedra al estilo de los de Persépolis y paneles de ladrillo vidriado azul, verde, blanco y amarillo.

La utilización de este material viene de tradiciones anteriores, asiria y babilónica. En estos paneles de Susa aparecen retratados soldados, toros alados, esfinges y grifos. El más conocido de todos ellos es el denominado Friso de los Arqueros (Louvre, París).

Dentro de la escultura Aqueménida es importante destacar también las cuatro tumbas reales excavadas en la roca de Naqshah Rostam. Cada tumba fue tallada en la roca imitando la fachada de un palacio, con figuras sobre un estrado en el que aparece el rey adorando a los dioses.

Complementos:

Después de la conquista de Persia por Alejandro Magno la influencia griega, en su etapa helenística, fue predominante dentro del mundo artístico. Entre otros ejemplos pueden citarse los fragmentos de escultura en bronce hallados en Shami, y los relieves de Behistún. El segundo gran periodo del arte persa comienza con el advenimiento de la dinastía Sasánida en el 226 a.C. De este periodo sólo ha sobrevivido un único ejemplo de escultura exenta o de bulto redondo, que es la colosal figura de un rey aparecida cerca de Bishapur.

Se conserva también un reducido número de estatuillas, pero los mejores ejemplos escultóricos, como sucedió también en época Aqueménida, están en los relieves grabados sobre la roca. Los más conocidos son los gigantescos relieves de Naqshah Rostam, en los que aparecen retratados los reyes persas Ardachir I y Sapor (o Sahpur) I (años 241 a 272) montados a caballo. Similar escena ecuestre ofrece el relieve de Taq-i-Bustan, representando a otro rey persa de esta dinastía, Cosroes II. Tras el periodo Sasánida la escultura dejó de ser importante dentro de las producciones artísticas de Irán. (Articulo enviado por: SEYNI GUZMAN. Email: sealguz21@yahoo.com)

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2012, 12. Escultura de Persia. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/construccion/persia-escultura.html.




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