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Estos manuscritos no contienen escenas pintadas, pero
poseían, en su defecto, una hermosa caligrafía ornamental, que fue ampliamente
practicada durante los siglos VIII y IX. Gracias a la introducción del papel en
el siglo X, las formas y modelos de los libros religiosos y seculares tuvieron
un gran incremento. En el siglo XII llegó a tener una gran resonancia la escuela
de pintura de Bagdad, con sus manuscritos sobre trabajos científicos, fábulas y
anécdotas ilustrados con miniaturas. En el siglo XIII se hizo muy evidente la
influencia de la pintura paisajística china, introducida en el país tras la toma
del poder por los mogoles. Los libros de poemas y de historias del mundo se
ilustraron con anécdotas, leyendas y acontecimientos históricos que a menudo
ocupaban páginas enteras y también páginas dobles. Los textos fueron escritos
generalmente en persa más que en árabe, como venía siendo habitual desde épocas
anteriores. En el siglo XIV Bagdad y Tabrīz fueron los principales centros de
pintura. Más tarde, Samarkand, Bujara y Herāt llegaron a ser también importantes
centros. Por regla general la temática incluía escenas de caza, guerreros, vida
en palacio y vistas de paisajes con escarpadas montañas, árboles y arroyos
rodeados de flores. A comienzos del siglo XIV se solía pintar sobre fondo rojo,
cambiándose después por tonos azules y, al final del siglo, dorados.
El miniaturista persa más conocido fue Bihzād, el artista más importante de
finales del periodo mongol y comienzos del Safawí. Fue el director de la
academia de pintura y caligrafía de Herāt hasta 1506, año en el que marcha a
Tabrīz como bibliotecario real. La pintura de Bihzād se caracteriza por su rico
colorido, sus figuras realistas y sus paisajes. Diferenciaba las figuras en
grupos de escenas, realizando retratos de marcado individualismo. Muchos
pintores estudiaron con él, incluyendo los célebres artistas Mirak y Sultan
Mohammed, y su estilo fue imitado en todo Irán, Turkestán e India. Entre los
pocos manuscritos existentes ilustrados por Bihzād destacan la Historia de
Tamerlán (1467), hoy en la biblioteca de la Universidad de Princeton. El retrato
como género pictórico llegó a ser muy importante a lo largo de todo el siglo XVI.
Uno de los principales retratistas fue Alí Reza Abbasi, que delineó sus figuras
con sobrios pero expresivos toques de pincel. Muchas de sus pinturas representan
figuras individuales, aunque también pintó realistas escenas de grupos de
peregrinos y derviches. A finales del siglo XVI y durante el siglo XVII los
dibujos monocromos a tinta con ligeros toques de rojo y dorado reemplazaron a
las brillantes policromías de los primeros manuscritos. Después del siglo XVII
los artistas de Irán copiaron la pintura y el grabado europeos, entrando así en
declive la tradición nacional. La pintura de cajas o estuches barnizados,
decorados con temas tradicionales iraníes, y la encuadernación de libros se
convirtieron en el siglo XIX en una próspera industria, exportándose en grandes
cantidades a los países de Europa occidental. Esta industria es todavía
floreciente a finales del siglo XX. Son frecuentes también las modernas
imitaciones de la miniatura del siglo XVI, aunque no se ha logrado imponer un
estilo contemporáneo nacional. (Articulo enviado por:
SEYNI GUZMAN. Email: sealguz21@yahoo.com) |