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Supongamos que el problema consiste en proyectar una lámpara,
habrá que definir si se trata de una lámpara de sobremesa o de aplique, de
estudio o de trabajo, para una sala o un dormitorio. Si esta lámpara tendrá que
ser de incandescencia o fluorescente o de luz diurna o de otra cosa. Si tiene
que tener un precio límite, si va a ser distribuida en los grandes almacenes, si
deberá ser desmontable o plegable, si deberá llevar un reóstato para regular la
intensidad luminosa, y cosas por el estilo.
Elementos del Problema. Cualquier problema
puede ser descompuesto en sus elementos. Esta operación facilita la proyectación
porque tiende a descubrir los pequeños problemas particulares que se ocultan
tras los subproblemas. Una vez resueltos los pequeños problemas de uno en uno (y
aquí empieza a intervenir la creatividad abandonando la idea de buscar una
idea), se recomponen de forma coherente a partir de todas las características
funcionales de cada una de las partes y funcionales entre sí, a partir de las
características materiales, psicológicas, ergonómicas, estructurales, económicas
y, por último, formales. "Lo bello es la consecuencia de lo correcto", reza una
regla japonesa. El principio de descomponer un problema en sus elementos para
poder analizarlo procede del método cartesiano. Como los problemas, sobre todo
hoy en día, se han convertido en muy complejos y a veces en complicados, es
necesario que el proyectista tenga toda una serie de informaciones sobre cada
problema particular para poder proyectar con mayor seguridad. Tal vez sea
oportuna una definición de "complejidad" para poder distinguir lo complejo de lo
complicado. Para Abraham A. Moles "un producto es complicado cuando los
elementos que lo componen pertenecen a numerosas clases diferentes; mientras que
es complejo si contiene un gran número de elementos reagrupables no obstante en
pocas clases". Podría decirse que un automóvil es complicado mientras que un
ordenador electrónico es complejo. Actualmente se tiende a la producción de
objetos poco complicados, a reducir el número de las clases de los elementos que
forman un producto. Así pues, en un futuro habrá cada vez menos productos
complicados.
Descomponer el problema en sus elementos quiere decir
descubrir numerosos subproblemas. "Un problema particular de diseño es un
conjunto de muchos subproblemas. Cada uno de ellos puede resolverse obteniendo
un campo de soluciones aceptables", asevera Archer. Cada subproblema tiene una
solución óptima que no obstante puede estar en contradicción con las demás. La
parte más ardua del trabajo del diseñador será la de conciliar las diferentes
soluciones con el proyecto global. La solución del problema general consiste en
la coordinación creativa de las soluciones de los subproblemas. Supongamos que
el problema presentado sea el de proyectar una lámpara y supongamos también
haber definido que se trata de una lámpara de luz diurna para una habitación
normal.
Los Subproblemas son: • Qué tipo de luz
deberá tener esta lámpara. • Si esta luz deberá estar graduada por un reóstato.
• Con qué material habrá que construirla. • Con qué tecnología habrá que
trabajar este material para hacer la lámpara. • Dónde tendrá el interruptor. •
Cómo será transportada, con qué embalaje. • Cómo se dispondrá en el almacén. •
Si hay partes ya prefabricadas (portalámparas, reóstato, interruptor, etc.). •
Qué forma tendrá. • Cuánto deberá costar. Estos son los subproblemas que hay que
resolver en forma creativa. (Articulo enviado por:
Lizbeth Maldonado. EMail: gatyacuariana@hotmail.com) |