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Origen y
Evolución de los puertos. El desarrollo de la navegación contó, desde
el principio, con determinados lugares de la costa (bahía y ensenadas, así como
desembocaduras de ríos) que ofrecieron posibilidades de atranque y refugio
seguro a las primitivas embarcaciones. Pueblos esencialmente navegante como
fenicios, griegos, vikingos y polinesios hicieron amplio uso de estos lugares
privilegiados, tanto en su comercio y actos de piraterías, como en sus
migraciones. Los primeros no solo dotaron de faros a los puertos naturales para
favorecer la navegación nocturna, sino que fueron los iniciadores de la
construcción de puertos artificiales. Así, en el siglo XIII a.C., los fenicios
construyeron puertos de piedra en Tiro y Sidon, con una técnica tan perfecta que
aun persiste sus partes fundamentales.

Paulatinamente los puertos fueron acogidos en una población diversificada
(cargadores o estibadores, comerciantes, etc.) e incorporando nuevas
instalaciones adecuadas a las necesidades
impuestos por el creciente trafico marítimo que hicieron de ellos complejas
unidades técnicos - comerciales, como ocurrió en la edad media europea con los
puertos del mar del Norte, confederados en la liga Anseática o en los del mar
Mediterráneo (Génova, Venecia y Barcelona). El descubrimiento de América y la
posterior apertura de nuevas rutas marítimas y comerciales aumento el tamaño y
calado de los buques, lo que obligo, a partir del siglo XVI, a la construcción
de muelles para facilitar la carga y descarga de mercancías. Durante el siglo
XIX, la utilización masiva del vapor en los buques, en lugar del viento,
permitió aumentar notablemente su tonelaje y capacidad de carga y como
consecuencia, tecnificar mas todas las inhalaciones portuarias.
En la actualización, un puerto de mediana importancia tiene que disponer de
servicios de almacenamiento de mercancía, con las instalaciones necesarias para
la conservación de los artículos perecederos (grandes frigoríficos), faros con
estación de señales, rompeolas naturales o artificiales, para proteger la
entrada y salida de los buques de gran tonelaje o con mercancías peligrosas,
diques flotantes y secos para reparaciones y limpieza de casco y fondos, muelles
de atranque con puentes grúas de distintas capacidades, dársena para
remolcadores, así como otras instalaciones adecuadas a determinados cargamentos
y rutas.
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