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Construcción de las Torres Satélite. Como
símbolo de lo que se proyecto como una Ciudad Satélite al noroeste de la ciudad
de México, Luis Barragán proyectó con la colaboración de Mathias Goeritz cinco
torres de concreto, de planta triangular y diferentes tamaños, con un carácter
totalmente escultórico y la función primordial de ser contempladas desde el
automóvil y a una relativamente alta velocidad.
Las cinco torres, de diferentes colores y alturas (la mas alta 57 metros) nacen
verticales sobre una plaza ligeramente inclinada, prolongándose hacia lo alto a
medida que el espectador se acerca, acentuándose su verticalidad como agujas que
se recortan en el cielo, pero con el contraste de su estriado horizontal que,
además de una textura, le confieren cierta cualidad de fuerza en su percepción.
En el marco del ambicioso
proyecto de Ciudad Satélite encomendado al
arquitecto Mario Pani, Barragán recibe de este el encargo de realizar alguna
fuente que sirviera de motivo distintivo de la entrada por la principal vía de
acceso a la urbanización.
Barragán plantea otro tipo de solución que fuera pertinente al amplio
emplazamiento paisajístico y decide invitar a Goeritz con quien había ya
trabajado. Las cinco torres constituyen un hito paisajístico fundamental en el
ámbito urbano de la ciudad de México, a pesar de los drásticos cambios sufridos
en el entorno. Pintadas al principio con los colores primarios frecuentes en el
lenguaje de la Bauhaus, Barragán cambio en varias ocasiones el cromatismo a una
serie de tonos anaranjados, que son lo que debieran llevar. La multiplicidad de
lecturas que la obra encierra, y los complejos cambios de perspectiva que el
observador experimenta, son extraordinarios.
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