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Secretos de Calatrava.
A Santiago Calatrava le ha llegado el momento de enseñar algunos de los
misterios de su obra arquitectónica, justo cuando figura como uno de los
arquitectos más reconocidos y populares, y lo hace desde lo más primario y
original de su trabajo: el dibujo, la escultura y -desde hace muy poco- la
cerámica. No es extraño que un arquitecto de resultados tan constructivos y
formales parta de impulsos tan humanistas: la pulsión de la mano que dibuja, la
vista que descubre la naturaleza y el cuerpo, los sentidos que intuitivamente
buscan una raíz común. Ese es el lenguaje de Calatrava, más allá de los cálculos
de estructura, según se expresaba ayer poco antes de inaugurar la exposición
«Santiago Calatrava. Esculturas, dibujos y cerámicas» en el Museo de Arte
Moderno y Contemporáneo de Palma Es Baluard. «Es que de manera intuitiva en mi
trabajo he descubierto una raíz común, y la parte más íntima está expuesta aquí,
es como el «carné» de notas y dibujos». «No se entiende la posición de Calatrava
en la arquitectura si no se conocen sus mecanismos creativos», señaló Tomás
Llorens , uno de los comisarios de la muestra.
Fama internacional. Como si tuviera la necesidad de enmarcar su obra, hoy
que se expande por todo el mundo como cualquier otra marca globalizada,
Calatrava busca referencias en los clásicos del pensamiento, en filosofía y en
la poesía. Así, cuando de sus construcciones se dice que es «música congelada»,
él cita a Shopenhauer: «Tiene una visión globalizadora como si todo viniese de
un lugar común». Lo dice identificándose con sus palabras y encontrando ellas un
eco panteista que le atrae. O cita a Einstein, refiriéndose a su vez a un
colega: «Él, como Spinoza, piensa que el amor es la inteligencia de Dios». Juega
con esas ambivalencias entre ciencia y arte porque cree que su campo de trabajo
es ese. Recordará, por ejemplo, que Seurat «hace puntillismo en pintura cuando
la ciencia investiga sobre la naturaleza de la luz». Confiesa Calatrava que
éstas son sus verdaderas herramientas de trabajo, para diseñar rascacielos o
puentes. Parte del dibujo inmediato, de un boceto aún no vislumbrado. «Matisse
decía que el dibujo es la expresión más íntima, la mina de grafito que hay entre
la mano y el papel. Sin más ambición -añade-, ese es el laboratorio de mis
ideas. Actúo igual que si tuviese que resolver un sofisticado problema de
ingeniería: son los gestos de la mano los que hablan». Calatrava, que ha
desarrollado un complejo sistema de trabajo con numerosos colaboradores en todo
el mundo y asumiendo varias obras complejísimas a la vez, se siente más cerca de
la visión que de la arquitectura puede tener Rodin que de Le Corbusier. Henry
Moore y Chillida son dos escultoras que cita en esa conquista del espacio humano
y habitable. Acepta que de sus puentes -una de sus obras más extendidas: los
últimos proyectos son las pasarelas para la ciudad belga de Mons y la del Gran
Canal de Venecia- se diga que son «esculturas que se expanden en el espacio», de
la misma manera que para un ingeniero un árbol en el fondo es un voladizo, «es
una pura abstracción del espíritu».
Santiago Calatrava, con apenas 55 años de edad, es una de las estrellas de la
arquitectura mundial. Sus obras tienen una marcada identidad muy popular, para
bien o para mal. ¿Le preocupan a un arquitecto de su prestigio los problemas de
vivienda? Aunque hasta hace muy poco no había hecho edificios de viviendas,
confiesa que es un tema al que se está dedicando ahora. «Por ejemplo, en Malmö
he hecho una torre de habitaciones, el Turning Torso, en Chicago estamos
construyendo el edificio más alto de Estados Unidos que no será de oficinas sino
de viviendas, con 1.200 apartamentos, y también en San Francisco y nueva York
trabajamos en un proyecto de viviendas. No es que no me preocupe, es que no
había tenido ocasión», afirma. La exposición, comisariada por Tomás Llorens y
Boye Llorens -y el patrocinio de Bancaja-, presenta 63 cuadernos de dibujo, 20
esculturas y 24 piezas de cerámica. Las esculturas, realizadas en bronce o
mármol, han sido realizadas en su taller de Zurich y dan respuesta a problemas
constructivos de sus proyectos. Los cuadernos de dibujo, fechados entre 1991 y
2006, es su herramienta básica de trabajo. «Es el fluir mismo de la imaginación.
Viaja acompañado de sus cuadernos de dibujo», explica Llorens, que vincula a la
tradición renacentista la «centralidad del cuerpo humano» esbozado por
Calatrava. Quizá sea en la cerámica donde se reencuentre con sus orígenes: «Es
el estrato más antiguo de su imaginación». Mas artículos sobre
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