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En el Oriente Próximo las viviendas se adaptaban a las
posibilidades constructivas: donde había barro eran comunes las casas de una
sola estancia en forma de colmena; donde no se encontraba madera, sino sólo
piedra, hasta las cubiertas se construían mediante bandas de este material. Por
lo general, estas tradiciones han sobrevivido hasta nuestros días.
Exceptuando los palacios cretomicénicos, organizados en torno al megaron (sala
de forma alargada), la vivienda griega permaneció como una vivienda sencilla y
de pequeña escala durante siglos. Un pasadizo conducía desde la calle a un patio
al que se abrían tres o cuatro habitaciones. Los romanos edificaron sus
viviendas siguiendo tres tipologías: domus, insula y villa. En Pompeya se han
conservado muchas domus, vivienda urbana o suburbana unifamiliar que ha llegado
hasta nosotros como la más representativa de la cultura clásica.
Estas viviendas suelen estar situadas junto a la calle que les sirve de acceso.
Después de atravesar el vestíbulo se llega a un espacio semicubierto llamado
atrio, mezcla de sala de estar y patio, en cuyo centro se encuentra el impluvium
o pequeño estanque para recoger el agua de las lluvias. Desde el atrio se accede
a todas las estancias de la casa y, por la parte del fondo, a un jardín conocido
como hortus o peristilo si está rodeado de galerías de columnas. Las insulae
eran los equivalentes a los bloques de apartamentos, viviendas plurifamiliares
urbanas habitadas por las clases más humildes. La altura de estos edificios
oscilaba entre tres y cinco pisos y solían responder a complejos programas
funcionales. Las villas se pueden entender como casas solariegas de las familias
más poderosas, y en ocasiones se convirtieron en auténticos complejos
residenciales que ocupaban varias hectáreas entre jardines, pabellones y
residencias. Véase Arte y arquitectura de Roma.
EL LEJANO ORIENTE. Las
casas del subcontinente indio varían mucho dependiendo de la región, el clima y
las tradiciones locales. En las villas o pueblos se encuentran casas de patio y
otras compactas en torno a un espacio único, mientras que en las ciudades muy
pobladas abundan los apartamentos. Los palacios, que se levantan en los lugares
más diversos, pueden estar fortificados, y aquellos que se extienden por el
terreno cuentan con construcciones dispersas como pabellones. La influencia
occidental sólo se percibe en algunas zonas pequeñas y en los grandes núcleos
urbanos. En China, la casa con patio y cubierta de tejas se ha conservado
durante siglos. Es una casa amurallada, que simboliza el orden social de la
familia extensa tradicional. En algunas zonas también se encuentran hileras de
viviendas unifamiliares más sencillas, compuestas por una sola estancia y un
pequeño patio o jardín. En el extremo opuesto de la escala social están los
grandes conjuntos palaciegos, como el de la Ciudad Prohibida de Pekín. Los
edificios que lo componen, dispuestos simétricamente sobre una vasta extensión
de terreno, son una expresión pública de la aspiración divina de los
emperadores. En Japón, la casa tradicional se concentra en un espacio
rectangular continuo, dividido por paneles móviles de papel de arroz que
procuran una apariencia laberíntica, y solado mediante tatamis fabricados con
paja de arroz. El edificio se construye en madera y se cubre con tejas y, si el
terreno cuenta con suficiente espacio, se añade al conjunto un pequeño jardín.
Una de las características más relevantes de la arquitectura residencial
japonesa es la armonía de las proporciones y la simplicidad formal. La
influencia occidental se ha dejado sentir en Japón más que en otros países
orientales, pero, al mismo tiempo, muchos de sus arquitectos están entre los más
destacados del movimiento moderno. (Enviado por:
Pedro de Jesus A., Fuente oficial:
Archivo de consulta personal..) |